Ángela Bonadies o la importancia del testigo

20 marzo, 2016
Por: Ana Khan/ Fotografías: Cortesía Angela Bonadies

En el fondo su tema es el tiempo. ¿Qué es la memoria, finalmente, sino otra forma de vivir el tiempo, en el tiempo? A lo largo de su carrera ha centrado su trabajo en la memoria y la idea de archivo, pero también en el espacio urbano y en el siempre omnipresente tema de la identidad. En West Side, la fotógrafo -que junto al artista Juan José Olavarría fue de las primeras en entrar en La Torre de David en Caracas- revisa sus archivos personales y a partir de allí dialoga con y sobre la perdida, el duelo, la fragilidad y la precariedad. La muestra que puede verse desde hoy en el espacio de arte contemporaneo Abra en Los Galpones en Caracas.
Teatrino deslave
  Soy la séptima hija de dos médicos fantásticos, Ángela y Antonio, que dedicaron buena parte de su vida a trabajar en instituciones públicas: mamá en Sanidad y papá en el IVSS y en el hospital Pérez de León. El resto forma parte de lo normal-excéntrico: buenos y malos comportamientos en la convivencia con mis padres, cinco hermanos, una hermana y cuatro tías. Una familia tarantélica y polifónica que nunca opuso resistencia -quizás sí un poco, pero me hice la loca- a mis modos y mi tendencia a irme por las ramas humanistas con un desorden dominante. El primer intento fue con la arquitectura, luego la fotografía, que ganó la partida. Mi papá se murió, quedamos un poco al descubierto y la imagen se hizo importante: recordar y ver, ver por las rendijas. Ver sus archivos, ver los poemas, ver los espacios, en una casa que era como un estudio de grabación, donde todos hacíamos pruebas de supervivencia. La riqueza oral era lo máximo. Varias generaciones hablando idiomas distintos. Lo más afinado terminó siendo el oído, que se acostumbró a la forma de hablar de todos en nuestra familia de la calle Andalucía: la Dra. Blumenfeld, médico polaca, su hija, su yerno y sus nietos; la profesora Rojas, lingüista de la UCV, letrada; los Torrealba, los Pantaleoni, los Díaz, los Martínez, los Bravo, los tantos. Inmensa familia. Una familia que subía y bajaba la calle que abarcaba apenas dos cuadras. Y algunos carros que en la noche parecía que iban sin conductor, comiéndose una flecha que no estaba demarcada. A veces escuchábamos tiros y había algún lío callejero.
No quiero ser bonita sino Boetti

No quiero ser bonita sino Boetti

Toda una ficción que no es más que lo natural. De eso se trata la exposición, porque así veo la vida. Momentos y construcciones de los momentos. Febrero de 2014: una batalla en las calles a doscientos o cuatrocientos metros de donde vivo, en Bello Campo. Todo empieza a volverse caótico. Lo que antes era una calle, mi casa de familia, ahora es un edificio, mi casa de adulta. Desde la terraza la comunidad se reúne para ver cómo las fuerzas del gobierno lanzan bombas lacrimógenas vencidas y otras joyas a los estudiantes y jóvenes que protestan. Una amiga sufre una enfermedad complicada, respiratoria. Vive en la falda del Ávila, al norte de la contienda, pero siempre he pensado que el humo sube y sube. Si todo empieza el 12 de febrero, ella muere el 21. Dudas sobre por qué. Una situación que ahoga.
A partir de allí: no tenía muchas ganas de salir, pero salí. Decidí hacer un trabajo sobre Vargas, la costa, el litoral. Un espacio «sagital» que conecta el horizonte con la pared que es la montaña. Hice viajes y viajes a ver los mismos espacios por la carretera de la costa, hasta Los Caracas, durante meses, cada mes o quince días. Ver cómo estaba la zona devastada del deslave (1999) y cómo había cambiado. Raro, parece que el deslave fue ayer o hace mil años, paradojas del lugar. Vargas y el país son como el cuento o poema de Michaux «Otros cambios aún»: somos harponeros y de golpe nos transformamos en Moby Dick harponeada. Ese cuento nos explica.
Ironía Cinética

Ironía Cinética

La exposición busca dar forma a la palabra «imposibilidad» (que es imposible) y de buscar una salida «productiva» al duelo. Hacer, construir, aunque quede mucho en el camino, aunque en el proceso poco quede de ese dolor o pérdida que implica separarse de alguien amado. La exposición está dedicada a Vestalia Pérez, la amiga que murió el 21 de febrero de 2014 y era pieza fundamental de mi imaginario y mi vida. Las obras son variadas y presentan capas sobre capas, fotos de mi archivo superpuestas. No hacen una alusión directa, sino te obligan a ver a través de una rendija para revisar el fondo. Son estructuras agujereadas por donde puedes ver una cosa u otra. El paisaje, la arquitectura y las páginas de un libro intervenido son metáforas de una visión obstruida, borrosa o problematizada.Pero quizás nada de eso se perciba, por eso, es un archivo abierto.
Y ahí la importancia del testigo, el que dice qué ve y qué no.

Ángela Bonadies (Caracas, 1970). Entre sus exposiciones más recientes están Bonadies + Caula:Cartografías de un territorio compartido en el Centro de Historias de Zaragoza (PhotoEspaña 2015); Die Bestie und ist der Souverän (La bestia y es el soberano)en el WKV (Württembergischer Kunstverein Stuttgart), Alemania y en el MACBA (Museu d’Art Contemporani de Barcelona), España; The white elephant en la galería After-the-butcher, Berlín, Alemania; Días explosivos y el afinador de pianos, en la galería La Plataforma, Barcelona, España, y Global Activism en ZKM (Zentrum für Kunst und Medientechnologie), Karlsruhe, Alemania.

En julio de 2015 impartió el taller Estructuras de excepción en Barcelona, España, en el marco de Translocaciones, coordinado por la plataforma Idensitat. En el verano de 2012 dirigió el taller De la autoconstrucción a las comunidades cerradas en la Escuela de Verano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, junto a Antoni Muntadas, María Isabel Peña y Juan José Olavarría. Participó en la Trienal de Investigación FAU/UCV 2014 “Nuevo(s) Mundo(s): La reinvención de la ciudad latinoamericana” con Proyecto Inverso, taller coordinado junto a Backroom Caracas y los profesores Viviana Mujica y Fabio Capra. En 2016 ha sido invitada a realizar una residencia en 18th Street Arts Center de Santa Mónica, California, en colaboración con Los Angeles County Museum of Art (LACMA) como parte de la exposición A Universal History of Infamy / Pacific Standard Time: LA/LA, 2017.