Fedosy Santaella y la oscuridad que llevamos dentro

18 mayo, 2016
Por: Texto: Ana Khan/Foto: Cortesía: Vasco Szinetar

Con 11 libros en su haber el escritor Fedosy Santaella se ha convertido en una voz imprescindible. Es un animal literario. Escribe libros, da clases de literatura, lee libros,” lee películas”, escribe sobre la actualidad del país, sobre Sherlock Holmes, sobre la teoría de la relatividad, sobre Nikola Tesla, Umberto Eco o el último libro de Liliana Lara. Las palabras son su forma de apropiarse del mundo y de estar en el mundo. Por eso no ha parado de escribir desde que tiene 12 o 13 años, cuando estaba empeñado en escribir su propia odisea  por aquel entonces en agendas de oficina.

Con sus crónicas semanales intenta hacer un esbozo de lo que son los venezolanos hoy en día.

Pero, ¿cómo se convierte Fedosy, el muchacho que crecía mirando el mar y el ir y venir de los barcos en Fedosy el escritor? Podríamos empezar con el padre autodidacta. Un hombre de puerto que apenas terminó primaria, pero que amaba los libros, las películas. Un tipo capaz de aprender inglés por su propia cuenta. El que, cuando decidió erigir la casa familiar, no dudó ni un segundo en construir una biblioteca. Un lugar que también era cinemateca, sala de televisión y seguramente terreno de juegos de un imberbe.

En ese lugar Fedosy se convirtió en Fedosy.

“Desde muy joven mi papá me llevó películas de David Lynch. Mi papá fue un hombre que  se tuvo que poner a trabajar desde muy joven pero cuando construyó la casa en Puerto Cabello, pensó en una habitación para que fuera biblioteca. Pero esa bliblioteca además era el cuarto donde estaba el televisor.  Ahí aprendí que leer no solamente es leer grafemas, es leer imágenes. Y como diría Umberto Eco se mema todo lo que tiene un significado cultural estructurado de manera intelectual. Yo leía películas y leía libros. Leer viene de recolectar, legere en latín. Recordemos que además de legere sale de leña entonces tu recolectas la leña para hacer el fuego y de alguna manera el espíritu es un fuego ¿no? Entonces leía libros y leía películas. Entonces se podría decir que yo leí a David Lynch“.

Pero, mucho antes que el director de películas como Terciopelo Azul o El Hombre Elefante le torciera el cerebro como un trompo,  el escritor venezolano Armando José Sequera volcó al entonces muchacho de puerto a llenar a mano un montón de libretas.

Fedosy un día cualquiera de 1983.

“Mi papá era un caraqueño que se fue a vivir a puerto cabello. Y siempre nos traía a Caracas. Durante un tiempo eramos solomanete mi papá, mi mamá y yo. Entonces nos quedábamos en el Hotel Crillon, que no era como ahora era un lugar bonito; caminábamos por el Bulevard de Sabana Grande hasta el Centro Comercial Chacaito e íbamos al Drugstore que tenía un piso de mosaico blanco y negro (masón diría Umberto Eco).  Ademas de la tienda de franelas, había una pequeña librería, era chiquitica. Ahí compré Escena de un spaghetti western de Armando José Sequera. El libro tenía una portada de Luis Brito García: un hombre montado sobre un camello. En aquella , no era quien conocemos hoy en día; y si lo era, no lo sabíamos. Yo empecé a escribir llevado por ese libro. Eran cuentos de humor muy cortitos. Por ese entonces trajeron la primera computadora a casa, una Radio Shack.”

Su papá al verlo tanto tiempo frente al teclado concluyó que quería ser ingeniero. Entonces lo llevó donde un compañero de trabajo especialista en computadoras. Muy entretenida la visita pero aquel muchacho en la computadora solo encontraba una herramienta.

Paréntesis 

Hablas mucho de tu papá. Una figura decisiva en tu vida. De todas las cosas que te enseñó ¿Cuál es indispensadable para enseñarle a tus hijos?

El buen ejemplo. Mi padre no me obligó a leer, por ejemplo. Yo lo veía leyendo. En ocasiones dibujo con mi hijo, él ve mis dibujos. Después, descubro sus dibujos en los cuadernos.

Años después, muchos después, 17 años después su tesis de grado llamada Cuentos de Cabecera rendiría homenaje a Armando José Sequera.  Decidió autopublicar su libro en comala.com. Aunque esa edición sólo la compraron  compraron algunas tías un volumen fue a dar al escritorio de Sequera. “Lo busque por internet, encontré su correo, le escribí, el me respondió y le mandé mi libro”.

El autor en cuestión lo leyó y dictaminó: ese libro no sirve para nada. Algún tiempo después Fedosy estaría entrando en un Taller de Literatura Infantil y Juvenil con él. Lo de los cuentos infantiles se le dio bien, y a la larga, los cuentos y las novelas de adultos también.

Pero, no fue en ese entonces cuando Fedosy se convirtió en Fedosy.

“A los 16 años estaba viendo películas de David Lynch,  leyendo Siddhartha, oyendo el disco Blak Magic Woman de Santana y leyendo poemas de Henriqueta Arvelo. Y así sale esta novela como El dedo de David Lynch y este tipo de autor que ha sido muy fiel a las cosas que leyó. A veces el escritor crece y se averguenza de esas lecturas a pesar de que han sido sus formadoras. Uno es inevitablemente lo que es. En mi biblioteca estaban los libros de Stephen King desde Carrie hasta La danza de la muerte. A mí me torció el cerebro David Lynch. Algún otro como E. E. Cummings o esa película en la que los dioses estan encerrados en una casa cuyo casero es Orson Welles que mas tarde me serviría de modelo para mi libro En Sueños matarás”.

A los 16 años Fedosy ya era Fedosy.

El de

Hablemos pues de David Lynch

¿Cuánto de hombre de mar, de marinero hay en ti?

No sé, el mar siempre me ha hecho pensar que hay historias más allá, que es posible ir más allá de lo que tienes cerca. El horizonte del mar tiene la culpa de mi escritura.

Cuenta en su haber con 11 libros. Los hay de cuentos, de cuentos infatiles, hay novelas, cada uno es un universo muy diferente. Ha escrito policial, distopía, novela negra, histórica. No es  hombre de un sólo registro.

El dedo de David Lynch fue una de las nueve finalistas del Premio Anagrama 2013. Gracias eso se encontró con Pretextos la editorial española que finalmente editó la novela. Una de las mejores que se ha escrito en los últimos años en Venezuela. El libro que, habla del exilio, de los que se quedaron, de los que decidieron inventar su Arcadia en los paraísos tropicales, curiosamente aún no puede ser leído por estos lares. Al menos no por ahora. Pero, ¿cómo nació esta novela?

Al principio lo que quería era contar una novela que ocurriera en el mar y le pagará homenaje a David Lynch.

Si el detonante de la historia en la película Terciopelo Azul, es que alguien se encuentra una oreja en su camino, aquí será un dedo el que emerge de las agua para mortificar a Arturo un ex estudiante de letras, aprendiz de circo que decide ir a vivir a la playas de Chirimena con su novia Mariana. Suerte de novela negra, con texto de iniciación El dedo de David Lynch deja constancia de la prosa extraordinaria de Fedosy que construye un bellísimo entramado de la palabras para narrar una violencia soterrada. La musicalidad del texto como el sonido de las olas esconde furiosas mareas en su interior.

“Pensé esa novela bajo esa idea del exilio interior.  Hubo un  momento que empezaron a tratar de hacer ruido sobre novelas de exilio y escritores que están en el exilio. Pero, pensé, también están los que se quedan y escogen el exilio interior. De alguna manera, mis personajes Arturo y Mariana están en eso. Ellos nacieron o crecieron y se hicieron adultos en los tiempos de Chávez y su manera de protegerse de la situación del país es como exiliándose hacía dentro ¿no? Moviéndose hacia dentro, huyendo hacia sitios donde ellos creen que hay otra manera de leer al mundo y también era un poco la idea de mostrar que cuando sales de un redil entras en otro”.

El dedo de David Lynch es la historia de su protagonista entretejida con la de los personajes que viven en la Playa de Chirimena. Un vendedor ambulante que es un híbrido de locutor radial con manual de autoyuda, un dealer que tiene a sus elegidos, un salvavidas adicto, un comisario enfermo todos arrullados por el mar, por el humo de marihuana, levantado su animo entre cerveza y cerveza, entre pase y pase.

Como lectora para mi El dedo de David Lynch es la forma  muy sutil -que no débil- que Fedosy tiene de hablar de la vuelta a lo primitivo que vivimos los venezolanos.  Desmonta varios mitos, el de las drogas, el de la violencia y sobre todo el de lo natural. A su manera hace una metáfora del camino que recorrimos enganchados en la promesa de una Arcadia original, primigenia y que nos llevo hacia el caos.

“El libro trata un poco también de la falacia de lo natural. La gente suele asumir que todo lo natural es bueno, pero si tu te mueves en esa dirección vas encontrarte con sapos, mosquitos, alacranes, una gran cantidad de enfermedades. Con violencia de la naturaleza. Después de todo el veneno de la culebra también es natural. Y al ir hacia la playa, estos personajes entran en un ámbito donde están los alacranes y el veneno de las culebras. La Chirimena de la que escribo está contaminada  de la civilización y a lo mejor eso es parte de su salvajismo”.

Nadie quiere hablar de cosas buenas

Desde hace poco más de un año escribe una columna semana en el portal web El Estimulo. Se ha convertido gracias en él en una figura viral de las redes sociales. Es leído, comentado, deglutido y vomitado por diferentes. ¿Qué ha quedado de ese ejercicio? Que percepción adquirió sobre sus lectores?

“Una de las cosas que me he dado cuenta con la disciplina de El Estímulo es que la gente lee lo que le da gana leer. Creo que hay gente que no sabe leer, creo que hay gente que interpreta lo que le da la gana, hay gente que no leyendo bien interpreta algo que tu estas diciendo y gente que simplemente la paga contigo”.

Y sobre nuestra ideosincracia, sobre nosotros como pueblo, sobre nuestra conducta ¿qué has podido concluir?
Me llama mucho la atención que cuando quieres hablar de otra cosa  que no es política eso no tiene la lectura que esperas. Cuando en vez de hablar de política quieres hablar de algo un poco mas reposado como el libro Trampajalua de Liliana Lara  ves que pasa como por debajo de la mesa. Es un poco triste darse que la gente no tiene o no quiere tener tiempo para fijarse en otras cosas.

Mientras estemos metido en el mismo rizo una y otra vez no vamos a salir de ahí.  La amargura en que vivimos, la violencia en la que estamos metidos todos: no solo la del malandro sino la nuestra entre nosotros mismos nos come. Si te sales un pocos de ese rizo  podríamos hacer mejores cosas por nosotros y por el país.  Pareciera que no queremos hablar de cosas buenas.

Parece mentira pero hay gente que se ha dejado “permear” y voy a usar las comillas por el pensamiento “socialista” aun no siendo revolucionario o chavista. Si tu dices que estudiaste letras y que a pesar de eso te fue bien, salta gente a decir: “¿cómo es posible que este tipo ande diciendo que estudió letras le fue bien y le va bien en el capitalismo? Te das cuenta que quien lo está diciendo no necesariamente es chavista. Es muy raro. Es tan raro como El dedo de David Lynch. Tenenos mucha oscuridad dentro y eso es lo que ocurre con los personajes del libro.

Los Nombres

El 13 de marzo se supo que Fedosy se había hecho con el Premio Novela Corta de la Ciudad de Barbastro con su novela Los Nombres. La obra, según explicó la presidenta del jurado, Marta Sanz, tiene una excelente “calidad de página, prosa y una propuesta que pone de manifiesto la relación que existe entre la vida y la literatura”. La señora Sanz ademas acotó que es que es muy “interesante cómo combina el autor la idea de la autobiografía con los relatos”.

El libro que gira en torno a la idea de la palabra como fuente de identidad. Es una exploración de los nombres de las personas, de su nombre que es el mismo que el de su abuelo, el de su papá, el del duque de Rocanegras, príncipe de Austrasia. El libro es la historia de las historias que se entretejen a partir de cómo nos llamamos.

Descubres que hay tres nombres  por los que el ser humano es llamado:

uno por el que su padre y su madre lo llaman
uno por el que la gente lo llama
y uno, que él por si mismo, se gana.

Esto debe ser de algun texto sagrado judío. Alguna vez leí que uno tiene el nombre que le dan y otro que le es dado. En todo caso, ¿Crees que con esta novela te ganaste tu nombre?. ¿Por qué esa obsesión con los nombres?

Es difícil saber si uno se obsesiona con los nombres o los nombres se obsesionan con uno. En ocasiones he sentido que ciertos nombres me persiguen. Vito Modesto Franklin, por ejemplo, fue un nombre que me persiguió durante un buen tiempo. Todavía lo hace. Podemos decir que él (el personaje, el nombre) ha contribuido con Los Nombres a ser lo que Los nombres son. Uno hace más que darle voz al acoso de los nombres. Si prestas atención te darás cuenta. Todo nombre es un misterio, pareciera ir más allá de la convención. ¿Qué hay en un nombre? Esa es la pregunta de Los Nombres. Quizás detrás de los nombres haya muchas historias secretas que se encuentran.