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Hotel Le Meurice, París en todo su esplendor

17 octubre, 2015
Por: Pedro Maal

El lujo, en estos tiempos, dejó de ser una expresión de clase, para convertirse en una experiencia de vida. El lujo es una forma de multiplicar la experiencia vital hasta elevarla a su máxima expresión. Este gran hotel parisino es el sitio ideal para bordear los límites del exceso de lo divino y el placer. Si vas a París no dejes de alojarte una noche, desayunar, almorzar, cenar o aunque sea tomarte una copa de champagne en el Hotel Le Meurice, vive el encanto parisino intensamente cargando cualquier remordimiento a tu tarjeta de crédito. Recuerda al final del día que la vida es una sola y tienes que saberla vivir al máximo.

 

“Escribe algo, escribe”, me decía nuestra anfitriona Anne, mientras señalaba el espejo de escarcha helada en el lobby de Le Meurice. Por supuesto que quería escribir algo, era demasiada la tentación de dejar mi huella en la helada superficie del espejo y no se me ocurrió nada mejor que el trillado Paris je t’aime. Siempre en estas situaciones envidio a los ágiles de mente que siempre tienen algo inteligente qué decir en cada ocasión que, como verán, no es mi caso. Pero igual escribí algo, que permaneció en la entrada del hotel hasta que se derritió por la noche.

 

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El Lobby

 

El espejo de escarcha de hielo es solo uno de los detalles que Philippe Starck incluyó en el rediseño de los espacios comunes del hotel en 2007. Inspirado en el mundo surrealista de Salvador Dalí, el más extravagante de los ilustres huéspedes del hotel, Starck supo combinar la suntuosidad del palacio del siglo XVIII con la modernidad del siglo XXI. Un delicado balance para complacer a los huéspedes tradicionales y atraer a los más jóvenes, un refrescamiento de imagen, sin perder la esencia del gran edificio con estilo Grand Siècle. Y es que Le Meurice ha sido desde sus inicios el hotel de los reyes, quienes en ejercicio, y aún luego de depuestos, han escogido a este gran hotel como su residencia temporal.

 

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Restaurant Le Dali / fotografía Pierre Monetta

 

Localizado en el epicentro del primer arrondissement parisino, en plena Rue de Rivoli, justo en frente del Jardin des Tuileries, a escasos pasos del Musée du Louvre, la historia de Le Meurice ha estado entrelazada a la historia de París.

Sus orígenes se remontan a 1771 en Calais, en donde Monsieur Charles-Augustin Meurice recibía en su hotel a los adinerados viajeros ingleses al cruzar el estrecho de Dover y les organizaba el viaje a París. En 1817 establece un hotel en París y en 1835 Le Meurice se muda a su actual locación. A través de los años la fama del hotel creció tanto que en 1855 la Reina Victoria se hospedó allí, al igual que Tchaikovsky. En 1905 el hotel cerró para su primera reforma y luego de su apertura en 1907, el rey de España Alfonso XIII fue su primer huésped. Las cabezas coronadas de Europa, África y Asia convirtieron a Le Meurice en su hogar lejos del hogar.

 

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Restaurante Le Meurice Alain Ducasse / fotografía Pierre Monetta

 

Luego de la guerra fue nuevamente renovado en 1947 y luego otra vez en 1998 para restaurar el esplendor palaciego. La última reforma fue en 2007 bajo la batuta de Philippe Starck. Monsieur Starck revitalizó los espacios comunes, el lobby y la recepción, el Bar 228, el Restaurant Le Dalí y el Restaurant Le Meurice; y las habitaciones fueron encargadas en 2008 a Charles Jouffre, el creador de las suntuosas cortinas del foyer de la Opera Garnier. Por lo que Le Meurice ahora presenta una nueva cara, repotenciado en su magnífico estilo Grand Siècle. Los dormitorios están diseñados al estilo siglo XVIII, pero con la más alta tecnología integrada y el máximo confort en sus instalaciones. Cada cuarto es un universo distinto, destinado a ofrecer lo mejor de París a los huéspedes. Sin duda alguna la más imponente es la suite Étoile, ubicada en el último piso, la cual tiene una terraza que mira sobre las Tuileries, imposible de igualar en la ciudad.

 

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Nuestra suite / fotografía Leonardo Dávalos

 

Nuestra estupenda suite, de dos habitaciones, está localizada en el último piso y tiene unos pequeños y muy parisinos balcones insertados en el tejado del edificio, que ofrecen una vista insuperable a la Rue de Castiglione, a las Tullerías y a Place Vendome. La decoración impecable nos hace sentir que somos los habitantes de un lujoso palacio.

Pero Le Meurice no es solo espacios preciosos, lo más importante y lo que lo distingue de otros es su servicio impecable. La gran hotelería europea en su mejor expresión. Elegantes y corteses, el personal está preparado para atender al más exigente de los huéspedes, por eso sigue siendo el favorito de la realeza, jefes de estado y ejecutivos del más alto nivel.

 

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Nuestra suite / fotografía Leonardo Dávalos

 

La gastronomía del hotel está a cargo del chef Alain Ducasse, con el chef Christophe Saintagne a la cabeza de los dos restaurantes: Le Meurice y Le Dalí. El chef pâtissier, Cédric Grolet, está encargado de satisfacer nuestro gusto por el dulce.

El Bar 228 es en sí una institución parisina, tiene una vida que ya muchos lugares de moda quisieran para sí, un ambiente extraordinario, unos tragos exquisitos y una vitrina perfecta para ver y dejarse ver, que se extiende por el Restaurant Le Dalí hasta el lobby del hotel. El Restaurant Le Dalí está situado en el medio del hotel y funciona como el epicentro de sus actividades sociales, mientras el Bar 228 dicta el ritmo y el Restaurant Le Meurice la perfección.

 

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Bar 228 / fotografía Guillame de Laubier

 

Como siempre, nuestra comida favorita del día es el desayuno, y como en Le Meurice es digno de reyes, así decidimos comportarnos. Nuestro desayuno real consistió en frutas rojas con yogurt, omelette de claras con finas hierbas, los más exquisitos panes, croissants y pain au chocolat acompañados de confituras frescas, jugo de naranja y capuccino. Seguimos al pie de la letra la máxima que desayunar como un rey es saludable.

 

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El desayuno / fotografía Leonardo Dávalos

 

Una visita al Spa Valmont para disfrutar del tratamiento Valmont for men, especialmente diseñado para atacar los problemas de la piel masculina. Si no es en París, en dónde.

Ya al final de nuestra estadía en Le Meurice y mientras aguardábamos por nuestro taxi en el lobby, no pude resistir la tentación de volver a escribir en el espejo de nieve y, casi sin pensarlo, me regresé y no atiné sino a escribir au revoir. Ya tengo la excusa perfecta para regresar: escribir algo inteligente que perdure en el tiempo o, por lo menos, hasta que por la noche descongelen el espejo.

Hotel Le Meurice

228 Rue de Rivoli, Paris 75001