La 4ta. temporada de House of Cards: algo está podrido en Washington D.C.

8 Marzo, 2016
Por: Daniel Leal

El 13 de febrero de 2014, el día antes del estreno de la tercera temporada de la serie de Netflix House of Cards, el Presidente de los Estados de Norteamérica, @BarackObama tuiteó: “Tomorrow @HouseOfCards. No spoilers please”.

Este año, el servicio de programación por suscripción le envió al mandatario la cuarta temporada antes de su fecha oficial de lanzamiento. Nadie quiere ver al Presidente de los Estados Unidos molesto. Amenazante doble golpe de puño al escritorio.

En su cuarta temporada, estrenada apenas el viernes 4 de marzo para quienes no vivimos en la Casa Blanca, House of Cards repite la receta que la ha convertido en una de las producciones más atractivas del amplísimo menú de Netflix.

Un grupo de hombres y mujeres, estrictamente trajeados de azul, blanco, gris y negro, conspiran unos contra otros, en oficinas, pasillos, callejones y estacionamientos hábilmente iluminados; chantajeándose y apuñaleándose por la espalda –figurativa y literalmente– con bastante frecuencia.

Al universo de personajes secundarios despreciables construidos en sus primeras tres temporadas: Doug Stamper, Jackie Sharp y Remy Danton, introducen nuevos nombres (igual de despreciables, claro). Elizabeth Hale, (una escalofriante Ellen Burstyn) la madre de Claire Underwood; Will Conway (Joel Kinnaman), uno de los mejores contrincantes que haya encontrado Frank Underwood; y Leann Harvey (Neve Campbell), la Doug Stamper personal de Claire.

En esta cuarta temporada, la serie deja de ser una sucesión de eventos desafortunados aislados y se pueden apreciar mejor las dimensiones shakesperianas de la tragedia construida por el matrimonio de los Underwood desde su primera aparición. Y si alguna lección queda de Macbeth, Hamlet y compañía, es que los finales felices no existen.