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Jason Silva, el hombre que tiene 30 millones de visitas

28 agosto, 2015
Por: Ana María Khan / Fotografía: Osvaldo Pontón

El presentador de Brain Games de Nat Geo es un tipo singular. Se ha convertido en miembro de la sociedad del espectáculo, promoviendo algo que supuestamente esta combate y aniquila: el conocimiento. Sabe cómo aprovechar plataformas como Youtube o Twitter para filosofar.  Como prueba están los 30 millones de visitas que tiene el video en el que explica el sentido de la vida a un bebe. 

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El transhumanismo, el futuro, la búsqueda del éxtasis a través del conocimiento, el eternal now, la tecnología, el futuro, nanobots, las formas de expandir la mente, los estados de conciencia alterados. A Jason nada humano, ni nada producido por el cerebro humano le es ajeno. Y lo que lo hace un tipo singular es ese amor absoluto por el conocimiento, pero sobre todo su absoluta falta de cinismo. Para él el futuro siempre puede ser un lugar mejor. Es cosa de plantarse construirlo.

No pocas veces he tenido el gusto de entrevistarlo en los últimos seis o siete años. La primera vez apenas empezaba en Current TV (Mejor conocido como el canal de televisión de Al Gore). Era un completo desconocido y, si no hubiera sido por los afanes de una public relations en Los Ángeles habría tardado en toparme con él. Hoy agradezco las muchas llamadas que me hizo. Lo confieso me convertí en su fan. Es guapo, honesto, carismático y muy amable. Ha logrado convertirse en un filósofo de su tiempo al plantearse discusiones fundamentales sobre lo qué nos hace humanos, sobre cómo ampliar nuestros límites y al mismo tiempo mantener como meta final una existencia ética y feliz. Ha sido un gusto verlo crecer y cumplir sus sueños. La primera vez que lo entrevisté soñaba con ser conferencista de TED y ahora es un habitué. A su manera puede convertirse en un importante divulgador científico a la altura de Carl Sagan y ahí está Brain Games para demostrarlo. Nunca he tenido la dicha de tomarme un café con él, no pero no pierdo las esperanzas. Mientras tanto como seres de nuestro tiempo abolimos los límites del tiempo y el espacio vía mail, por teléfono y skype.

-Te autodenominas futurólogo, así que lo primero que me gustaría saber es ¿cuáles son las habilidades qué debe desarrollar el hombre actual para enfrenar el futuro?

-La idea de que va a haber un mapa o una idea exacta de saber por dónde ir, de saber cuáles son los hábitos que debes tener para estar preparado es imposible. No sabemos. Y no podemos saberlo, simplemente porque estas tecnologías son tan disruptivas que de un día para otro una industria colapsa y empieza otra. Compañías como Uber alrededor del mundo o Airbnb han transformado la transportación personal. Hoy en día la gente joven en Estados Unidos, por ejemplo, y en Europa, se trasladan en Uber. Los trends dicen que ya nadie quiere comprar carro. El automóvil se ha transformado en un servicio, en vez de un objeto que alguien quiere tener. Aplicaciones como Airbnb, han cambiado radicalmente la idea de alojamiento.

Estas dos aplicaciones creadas por grupos de 20 personas son compañías que valen billones de dólares y están amenazando la industria de los taxis, la industria del automóvil, la industria hotelera. Aparecen en el horizonte y transforman industrias que existían anteriormente. Ahí ves el cambio. Son cosas que van a beneficiar al consumidor, pero van a impactar el trabajo de cientos de miles de personas que trabajan en los ecosistemas afectados.

Si te pones a pensar, van a haber cambios iguales en el mundo de la medicina gracias a lo que estamos aprendiendo sobre nuestra biología y la idea de reprogramar nuestra genética. Pronto va a haber un aparato del tamaño de tu iPhone capaz de medir todos los signos vitales de tu cuerpo, después te va a hacer recomendaciones de hábitos para mejorar tu salud y, eventualmente, eso va a derivar en que podamos pedir pastillas personalizadas. Eso va a cambiar cómo se ejerce la medicina e impactará en nuestras vidas de una manera tan contundente como lo hicieron las computadoras personales.

Yo diría que tenemos que estar abiertos a los cambios. Esa es una de las cualidades más importantes a desarrollar. Tenemos que estar cómodos con la idea de que el cambio es lo constante. Lo constante ya no existe. El cambio es lo único constante. Si la gente se adapta a eso vamos a estar mucho mejor equipados para surfear el futuro.

-Tú eres muy optimista con respecto al futuro, pero no crees que en vista de tecnologías como los drones, la realidad amplificada, los nanobots, sea necesario desarrollar un nuevo sentido ético. ¿No crees que son necesarios ciertos límites?

-Ahí es donde la cosa se pone bastante seria, porque tiene toda la razón. Estas tecnologías amplifican nuestras capacidades creativas, amplifican lo que queremos hacer y desde que el hombre descubrió el fuego lo puede utilizar de dos maneras: para cocinar su comida o para quemar a sus enemigos.

El lenguaje también es una tecnología muy susceptible. Con él puedes escribir poesía. Shakespeare no sería posible sin el alfabeto. Pero al mismo tiempo lo puedes usar para crear propaganda que apoya regímenes totalitarios. Hitler o la Unión Soviética utilizaban técnicas de propaganda, el lenguaje, para manipular a la gente y justificar cosas horribles, ¿entiendes?

Entonces te pones a pensar y dices: ¿El lenguaje es una cosa peligrosa? ¿Tenemos que tener cuidado con cómo usarlo? ¿Tenemos que censurar el lenguaje para controlar a la gente? Se crean muchas preguntas filosóficas y lo mismo va a suceder con los nanobots, con la tecnología virtual, con las drogas psicodélicas del futuro. Todas esas cosas tienen la capacidad de amplificar la mejor parte del ser humano y la peor. La biología sintética significa que un muchacho en un garaje puede crear la cura del cáncer, pero también significa que un muchacho en un garaje puede crear un virus que va a matar a un billón de personas. Eso es verdad. Cada persona tiene en sus manos el poder de cambiar el mundo.

Entonces el dilema está en cuáles son los mensajes que vamos a poner en esas manos, cómo vamos a educar a esas personas para inculcarles un sentido común y ético que digan: “Wow, tenemos que usar estas tecnologías para mejorar al ser humano, para amplificar al ser humano, no para destruir”.

-Siempre has peleado mucho con la idea de la muerte. Uno de los temas recurrentes de tus videos es la búsqueda de la inmortalidad. ¿Recuerdas la primera vez que pensaste: “Mi mamá se va a morir, esto se acaba” ¿Cuándo fuiste por primera vez consciente de la muerte?

-Mi mamá cuenta que cuando se murió mi bisabuela, yo tenía ocho o nueve años, estaba en la bañera y ella me explicaba que se había muerto; yo le pregunté: “¿qué significa eso? ¿que tú te vas a morir algún día?” “¡No, no te preocupes! No en mucho, mucho tiempo” Eso me creo una ansiedad horrible. Le decía: “Yo no quiero que te mueras. Nunca. Nunca”. La idea de no existir me agarró heavy, heavy. Era un chamo bastante serio, hipersensible y eso se mezcló con el divorcio de mis padres que, también, simbólicamente, era una muerte. Por primera vez en mi vida la certidumbre se rompió, ¿entiendes? La idea de los dos padres ahí, los dos seres omnipotentes que están a tu alrededor cuando eres un niño, se esfumó. Ese elemento del divorcio y el sufrimiento de mi madre me traumó muchísimo. Me hizo sentir fuera de control, inseguro, entendí que las cosas eran finitas. Que terminaban. Esa vaina me agarró, me consumió y me pareció que le daba un aspecto de dolor hasta a los momentos más bonitos, ¿entiendes? Todo lo exaltante, todo lo espectacular, todo lo glorioso de estar vivo, de querer, de amar, viene con un poquito de tristeza pegado ahí, porque sabes que todo pasa.

Todavía si ese pensamiento me agarra me pongo triste. No puedo ver videos viejos ni fotos porque me afectan demasiado. Creo que esa es la razón por la que siempre estoy haciendo videos de Shots of awe tan intensos, tan exaltados. Es que son mi medicina digital. Mientras estoy creando no estoy melancólico.

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