la antigua, guatemala

Antigua, Guatemala: el secreto mejor guardado de Centroamérica

31 agosto, 2015
Por: Elizabeth Porras / Fotografías: Mark Tomaras

La urbe centroamericana, sitiada por el humo de los volcanes, es un reducto de calles de piedras, reliquias coloniales, hotelería de alto nivel y buena gastronomía. Una joya para los viajeros que aman el lujo y quieren gastar poco

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Está sitiada por el fuego. A su alrededor las chimeneas de los volcanes recuerdan a los visitantes su poder de destrucción.

Cuando en 1934, Aldous Huxley, se embarcó en un viaje que lo llevó a explorar esa incertidumbre que era ir más allá del golfo de México, ya había recorrido la mitad del mundo. Así que no era precisamente ingenuidad la que hablaba cuando dijo que, La Antigua, era la ciudad más romántica de todas. Si la tarde es clara diáfana, si desde cualquier esquina puede ver el volcán de agua sin que apenas alguna nube se cruce en su camino; le creerá. Lo juro. Sobre todo si es de tarde y el sol apenas empieza su deceso.

Caminar por las calles empedradas de esta ciudad a la que le arrebataron el título de capital en 1717 tras haber sido devastada en varias ocasiones por algún terremoto, es como mirar el rostro de una mujer que ya no es joven pero que se sabe, que siempre se supo hermosa. Por eso lleva con tanta calma las heridas del tiempo.

La Antigua, pequeña urbe que aun se asienta en una cuadrícula perfecta, es muchas a la vez.

La Ciudad turística

Es uno de lugares donde los viajeros se niegan a dejar un palmo sin fotografiar. Tanto que ya es costumbre de los pobrísimos indígenas guatemaltecos cobrar por aparecer en las fotos. Como extras en la películas de las vidas ajenas ellos reclaman su pago. Pero, caminar por sus calles, a pesar de la multiplicidad de idiomas que se escuchan por doquier no deja de ser nunca una aventura íntima, pequeña, como lo puede ser sentarse a escuchar el ruido que hace el agua de una fuente o el viento entre las hojas de un árbol justo antes de entrar a una iglesia.

 La Ciudad museo

Hay ruinas aquí y allá. Vestigios de lo que alguna vez fue la colonia española en América. Viendo estos edificios es posible entender no sólo el poder de la España de aquellos tiempos sino la decisión de crear un nuevo mundo. En cada una de esas iglesias, conventos, fuentes, altares está la vocación de poder, el poder de la fe cristiana y la necesidad de erradicar a los dioses antiguos: los mayas.

Ciudad Mestiza

Los mayas, fueron una de las culturas más potente del continente y es aquí, en sus tierras, donde la iglesia aun conserva su mayor fuerza. Es cierto, en cuestión de guerras siempre una cultura se impone sobre otras. Pero, no es menos cierto, que todos los caídos dejan su huella. Hoy esas culturas conviven como los colores de las alfombras de flores con las que los peregrinos cubren las calles de la ciudad durante semana santa para demostrar su fe. O las complicadas tramas de los huipiles (tejidos guatemaltecos) que las mujeres de la región usan en los trajes que se ponen para visitar los templos sirven como prueba de la fuerza que tiene la voz indígena. Aquí, vale la pena recordar que, en Guatemala aún se hablan 23 dialectos mayas y que en muchas regiones todavía se habla muy poco español.

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 Ciudad Escuela

Basta recorrer dos calles de Antigua, ir de una iglesia a otra, para sorprenderse por la cantidad de escuelas de español. Es como si aquí, en la que alguna vez fuera una de las más magnánimas urbes del nuevo continente, tuviera más sentido aprender a usar la ñ, a comprender que la ll se pronuncia ye y que el signo de interrogación se usa al principio y al final de una pregunta. Ahora mismo, frente a la Catedral de San José, me pongo a pensar que, aprender un idioma tan complicado como el español necesita cierta calma. Por ejemplo, si yo fuera alemán, no escogería Cartagena como mi destino. Terminaría perdida en otras aulas y el idioma que aprendería sería el de los cuerpos. En esta ciudad tan apacible provoca dedicarse a los libros y, muy de tanto en tanto, a otros extravíos.

 Ciudad Sibarita

Tras muchos años terribles, guerras, dictaduras, revoluciones… Guatemala encuentra cierta calma y se nota en sus calles. Se nota en la calidad del servicio y en la calidad de los lugares que la pueblan. Esta ciudad pequeñísima tiene algunos de los hoteles más bellos de Centroamérica. Es un lugar para apreciar el silencio y el valor de una buena caminata: un lugar tranquilo pero donde sólo deben recogerse aquellos que así lo deseen. Un lugar dueño de una luz bellísima que hace posible entender, como en ninguna otra ciudad de América, lo que significó la constricción de Nuevo Mundo.

Detenida en el tiempo, Antigua nos habla de época de conquistadores, de soñadores, piratas, oportunistas, evangelizadores; todos afanados, cada quien a su manera, por construir un Brave New World. Y eso si puede hacer de esta la ciudad más romántica del mundo

Casa Santo Domingo

Imponente. Esa es la palabra que mejor define a este hotel museo que en tiempo de la colonia era el convento de los seguidores de Santo Domingo Guzmán. Dentro de sus amplísimos espacios conviven los museos de la Platería, el Arqueológico, el del Vidrio, y el de Arte Colonial, así como la Capilla de las Reliquias y la de Nuestra Señora del Rosario. En el lado más mundano ofrece una piscina, sauna, spa, restaurante y bares. Conserva el ambiente de un viejo convento sin ningún ánima que venga a buscar tu alma.

 Mesón Panza Verde

Toda Antigua es colonial, pero es una cuestión de ambientación no de menú. Considerado durante mucho el mejor restaurante de la ciudad, Panza Verde ofrece al visitante una locación inmejorable con sus plantas y enredaderas. Al comensal lo embriagan antes que el vino, el olor de sus rosales y de los pétalos regados por toda la estancia. After dinner recomendamos subir a la terraza y desde allí espiar al volcán, probar un delicioso Ron Zacapa y para complacer a Aldous tratar de comprobar que esta es realmente la ciudad más romántica del mundo. Ubicado dentro del hotel boutique que lleva el mismo nombre. Imperdibles las costillas de cordero.

El Convento

En su bellísima terraza provoca ser un terrateniente por un rato. Bajo la placidez de sus árboles es posible ver una de las mejores vistas de la ciudad. Su cocina reinterpreta en clave contemporánea los sabores y los platillos clásicos guatemaltecos. Otra buena opción para alojarse.

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