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La sensual Alexandra Braun al desnudo

3 noviembre, 2015
Por: Ana María Khan / Fotografías: Bertram Bruhl Vergara

Este ha sido un buen año para ella sin duda alguna. Sus mohines pudieron verse a tamaño gigante en las salas de cine en Hasta que la muerte nos separe, la película de Abraham Pulido. Se divirtió de lo lindo jugando a ser la mala de la telenovela estelar de Venevisión Amor Secreto. Lenta pero segura, tras años de estudiar actuación a hurtadillas, la actriz Alexandra Braun viene con todo y en COMPLOT Magazine te la mostramos como nunca antes la habías imaginado.

 

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Ni se molesten en detallar mucho. Así, como se ve en las fotos es: Alexandra Braun no tiene ni un solo poro abierto y su piel es lo más parecido al cachete de un bebé recién nacido trasplantado a una mujer de 32 años de edad. Alejen toda suspicacia, así como parece es: simpática, dulce, afectuosa. Pero ni por un momento piensen que están frente a una mujer tonta. Estarán equivocados, su genética alemana la dotó de algo más que belleza. Le dio disciplina y una cabeza fría que además de mantenerla con los pies en la tierra, le da la perspectiva para hacer las cosas en el momento justo.

Alexandra Braun nació un 19 de mayo de 1983 en Caracas, 15 minutos antes que su hermana gemela Karina. Forma parte de la segunda generación de una familia de inmigrantes alemanes asentados en Venezuela. Sus abuelos, como tantos otros, arribaron al país en busca de un nuevo hogar. Huyendo de una Alemania sumida en el trance colectivo del nacionalsocialismo liderado por Hitler. Su abuela es una enfermera de guerra que perteneció a las juventudes hitlerianas y su abuelo un orfebre que se desdoblaba en pintor de paisajes. Ellos, junto con su madre y su hermana, conforman un sólido nucleo familiar que suplió la ausencia de un padre que existe pero que no quiere conocer. Ni siquiera de niña. La figura paterna, dice, era su padrastro. El hombre que las acompañó desde los 3 años.

Pero existe un designio de las estrellas: “Mi hermana cree mucho en la astrología y todo lo hace de acuerdo a eso, y le dijeron que tenía que conocer a nuestro papá”.

Esa es quizás la unica deuda de Alexandra Braun con su pasado. Por ahora todo parece futuro. Uno que se ha labrado a pulso desde que inició su carrera como modelo junto con su hermana. Por allá, 17 años atrás, cuando esa genética alemana las convirtió en una cara frecuente en los comerciales de la televisión local. Nunca pensó en ser una miss. Ella era modelo. Pero el dinero, el dinero cambia la perspectiva de todo. Cuando se enteró que las misses ganaban más que las modelos, decidió ser miss.

 

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De Miss Nueva Esparta a Miss Earth

“Nunca vi el Miss Venezuela como una meta. Yo era modelo, estaba en todos los desfiles, pero me daba rabia porque a las misses les pagaban 1.500 bolívares para la época, mientras que a las modelos nos pagaban 300. Entonces para subir mi tarifa me metí a miss. Ganarme la corona era algo muy lejano y es algo muy competitivo. Ganar, quería ganarme el carro y aprovechar la oportunidad como trampolín para ganarme el curso de actuación de Venevisión. Por desgracia ese año lo quitaron. Antes había estado en el concurso Sambil Model y lo gané. Osmel me dio la banda de Miss Nueva Esparta. En el Miss Venezuela quedé como primera finalista, no me gané el carro, pero deciden enviarme a este concurso en Filipinas. Yo estaba algo renuente, pero Ángel Álvarez, el director del concurso del Sambil, me dijo que lo disfrutara. Todas las tiendas del Sambil me dieron un regalo antes de irme. Decidí irme y disfrutar mi viaje en Filipinas”.

La problemática de ser Miss

Alexandra es una mujer que cuida su imagen. Nunca jugó a ser “mamacita” y consciente de la importancia del vestuario, tiene un equipo que la asesora en asuntos de indumentaria. Aprender cuán importante es estar atenta de su aspecto es algo que fue aprendiendo en el camino. Anécdotas no son pocas. Quizás la primera lección la aprendió en Filipinas. Por más que se lo dijeran en el Miss Venezuela, a pesar de la estética que Arquímedes Rivero impuso en las telenovelas, ella entendió un asunto de vital importancia: No usar extensiones ni cabello postizo.

“El clima de Filipinas es muy húmedo, te vuelve ñoña el cabello y yo me llevé unas extensiones que también se volvieron un asco. Ademas la gente se dio cuenta que tenía pelo falso. Guardé las extensiones y más nunca me las puse. Después de eso decidí hacerme puros moños. Gané y me dijeron que tenía que quedarme cuatro meses en Filipinas. Me pegó porque era Navidad e iba a estar lejos de mi familia, pero al mes me dijeron que tenía que cortar el listón de una inauguración y me pagarían 1.000 dólares por ello, asi que no fue tan malo. Total, además de los 20 mil dólares de la corona, gracias al resto de las cosas que hice, llegué a Venezuela como con 50 mil dólares. En ese concurso me fue muy bien, me hice pana de los organizadores, así que terminé yendo a 25 países en tres años. En ese tiempo viví en carne propia la locura de los paparazzi. Me daba mucha risa, una vez un actor filipino que me encantaba me invitó a salir, y eso al día siguiente era una locura por las fotos, algo peor que Hollywood, llevaba una vida de celebridad, tenía chaperona y chofer. Estuve tres años viajando, volvía a Venezuela, agarraba mis trapos y me iba de nuevo, en una de esas me dicen para hacer casting en Canal i y estaba feliz porque era mi oportunidad en televisión. El Miss Tierra ha sido lo mejor que me ha pasado, pero Canal i era mi oportunidad de hacer algo que siempre soñe: televisión”.

 

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Las tribulaciones de las mujeres bellas

Por ahí dicen que ser rubia es un asunto del alma. Algo que se lleva arraigado muy dentro. Tal vez la tristeza de Marilyn Monroe se debía a que era una peli castaña obligada a ser rubia. Alexandra no tiene ese problema y se nota. Anda cómoda en su propio pellejo. No tiene conflictos con su aspecto, pero ha debido sortear algunos prejuicios gracias él.

“Nunca vi la belleza como algo imprescindible, más bien he tenido que luchar contra ella toda mi vida. Siempre han pensado que por ser bonita no soy inteligente”. Pero es inteligente y trabajadora. En el programa que condujó en Canal i junto con su hermana cumplió roles de productora, editora y hasta musicalizadora. Esa experiencia la ayudó a entender que no tenía que demostrarle nada a nadie y también la obliga a pensar en hacerse a un piso más sólido con el que poder afrontar los vaivenes de la industria del espectáculo. Así empezó DiBraun, su firma de accesorios y carteras, que ya cuenta con una tienda en un centro comercial. “Nuestro abuelo es orfebre, así que empezamos haciendo joyas y luego uno de los novios de mi hermana se convirtió en nuestro socio capitalista”.

No se ve a sí misma como una mujer sexy. No le interesa. Su look está pensado para ser elegante y esa desición le ha valido la confianza de marcas que encuentran en ella la imagen ideal.

Soy actriz

Pese a ser una cara bastante conocida, tardó en revelarse como actriz. Primero estudió y solo cuando tuvo un poco de confianza decidió hacerle frente a la vocación que lleva dentro desde niña. Su primer rol importante se lo dio Abraham Pulido en la película “Hasta que la muerte nos separe”.

“Tres meses después de lo de Canal i me llamó Abraham Pulido para la pelicula. Fui al casting y estaba algo dudosa por las escenas de sexo, le dije al director que me encantaban el guion y la historia, pero no me gustaban las escenas de amor. Logré que le bajaran un poco el tono a las escenas y quedaron hermosas. Ese fue mi primer rol protagónico. Antes había hecho cosas para la Villa del Cine muy pequeñas. Yo siempre quise ser actriz y me estuve preparando mucho tiempo con Alberto Carbonell y Nelson Ortega”.

El boom del teatro comercial en Venezuela ha sido grande. Las salas están copadas por un público que encontró en el hecho dramático un lugar de refugio ante la desastroza realidad que se vive en el país. Ella no ha sido ajena a este boom y ha participado en varias obras. Sin embargo, el gran salto lo dio este año al formar parte del elenco de “Amor Secreto”, la novela estelar que Venevisión estrenó en mayo. Su papel, ¿cómo no?, el de villana. “La novela es bastante rosa, y hago el papel de una mala tipo Coyote, que todo le sale mal. Le creé unos tics como el ‘ay queridita tú si eres tontita’. Traté de no caer en el cliché de las malas. Cuando noté que la gente en la calle me odiaba supe que estaba haciendo bien mi papel. La novela me catapultó a nivel de fama y a nivel de tarifa”.

Si ella pudiera escoger, le encantaría interpretar a Albert Camus en las tablas y sueña con que alguien la invite a representar la obra de Arthur Miller “After the fall”.

 

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El futuro

El mundo es una incógnita, ya sabemos. El futuro también y ahora mismo en el camino de Alexandra Braun hay muchas interrogantes, pero tambien algunas certezas: No necesita el matrimonio para ser feliz y está muy contenta con su novio, el actor Adrián Delgado, sabe que es hora de buscar camino fuera de Venezuela. No es algo que le apatezca mucho, porque este fue el país que le abrió las puertas a sus abuelos que renunciaron a su nacionalidad alemana por la venezolana. Este es el lugar en donde creció y le gustaría criar a sus hijos, pero en un ambiente más calmo. “Lo que pasa es que a mí me encanta este país. Irme y dejarlo todo y empezar de cero me da mucho fastidio. Pero, a nivel profesional, el terreno es muy pequeño”.

Mientras decide qué hacer, Alexandra Braun se prepara para la separación definitiva de su hermana Karina, quien se casa y se va del país. El futuro es una incógnita, pero Alexandra Braun está dispuesta a encontrar la mejor respuesta para este camino en el que está sola.