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Marc Jacobs y su fiesta (supuestamente) inolvidable

11 septiembre, 2015
Por: Daniel Leal

«ABRIGOS DE PIEL SOBRE LINGERIE, BRILLO LABIAL, CABELLERA LADEADA A LO JERRY HALL, LENTEJUELAS, TURBANTES DE LAMÉ DORADO…» Con un dress code como este, impreso en la invitación, obviamente se creó mucha expectativa por la fiesta que dió anoche el diseñador Marc Jacobs por el lanzamiento del libro «Gloss» de Chris Von Wangenheim. Una noche que pretendió emular el New York Salvaje de los años 70

 

En un intento por revivir el espíritu de fiestas memorables, como el baile surrealista chez Madame Marie-Hèléne de Rotschild en 1972 o el legendario Black and White Ball de Truman Capote en el Hotel Plaza de Nueva York en 1966, este año, durante la Semana de la Moda en Nueva York, Marc Jacobs se convirtió en el anfitrión del lanzamiento del libro Gloss (Rizzoli). El título recoge el trabajo del fotógrafo alemán Chris Von Wangenheim desde sus comienzos en la década de 1960 hasta su fallecimiento en los primeros años de 1980. Intentando emular el espíritu decadente, agresivo y eminentemente setentoso de las imágenes concebidas por Von Wangenheim (piensa en abrigos de piel con carros en llamas de fondo, o el clásico Gia Carangi desnuda tras una reja de alambres), Marc Jacobs juntó en la invitación para el lanzamiento del libro las inspiraciones más insólitas para el dress code del evento.

 

La lista de referencias utilizadas para describir el código de vestuario –en mayúsculas en el original­– comienza resumiéndolo como “VESTIDO(A) PARA MATAR”. De allí salta a looks más específicos, todos ellos aparentemente concebidos por Stefon, el personaje de Bill Hader en Saturday Night Live: “(…)ABRIGOS DE PIEL SOBRE LINGERIE, BRILLO LABIAL, CABELLERA LADEADA A LO JERRY HALL, LENTEJUELAS, TURBANTES DE LAMÉ DORADO(…)”. No queda claro si todo eso debe ir sobre una sola persona al mismo tiempo, o si describe a tres opciones de looks distintos. Lo que sí resulta obvio es que las lentejuelas son sumamente importantes para el evento. Aparecen no una, ni dos, sino ¡TRES veces en la invitación!

 

Entre las musas para el vestuario de la fiesta aparece mencionada la habitué de Studio 54 Rollerena –toda una institución del drag neoyorquino. Por nombre y apellido también están incluidas Grace Jones y la millonaria convertida en terrorista Patty Hearst, en su etapa Síndrome de Estocolmo / Ejército Simbiótico de Liberación –como prefieran llamarlo. Y claro que está nombrada la gran referencia de la decadencia de 1970: The Eyes of Laura Mars. En este clásico del cine camp, Faye Dunaway interpreta a una fotógrafa de modas, con un trabajo bastante Von Wangenheim por cierto, quien sufre de visiones tan perturbadoras como sangrientas, decadentes y divinas. Claro que semejante peliculón tenía que aparecer en esta lista.

 

Marc Jacobs incluyó también entre los looks preaprobados: “PANTALONES HAREM TRANSPARENTES” y “MINIFALDAS Y PIERNAS MUSCULOSAS”. La invitación termina prohibiendo una serie de ítems que 1970 no le hubiera perdonado ni siquiera a una evangélica predicando la palabra del Señor: “NO ZAPATOS PLANOS. NO SUPERFICIES MATE. NO LOOKS NATURALES”.

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Para quienes no están familiarizados con la geografía neoyorquina, lamentablemente la fiesta no pudo llevarse a cabo en el mítico Studio 54. Es que el número 254 de la calle 54 Oeste en Manhattan alberga ahora un teatro. La segunda mejor opción era el igualmente legendario y decadente Tunnel, donde a finales de la década de 1980 los Club Kids de Nueva York solían reunirse antes de caer en desgracia.

Sin embargo, hechos son acciones y no buenas intenciones. No importa cuanto se esfuerce Marc Jacobs en revivir su recuerdo de Nueva York. Éste murió hace rato de una sobredosis de aburguesamiento –no es casualidad que rime como aburrimiento. Lo único que pudo haber salvado esta fiesta es que Barbra Streisand, invitada sorpresa, se subiera al escenario y termine cantando el increíble power ballad Prisoner, el tema de Eyes of Laura Mars. Preferiblemente con un sospechoso polvo blanco en la entrada de las fosas nasales, por aquello de la autenticidad histórica, claro.

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