proyecto cumbre, groenlandia

Niños en la Cumbre, caminando sobre hielo

28 agosto, 2015
Por: Ramón Barreto / Fotografías: cortesía de Niños en la Cumbre

“Uummannaq” ubicado al noroeste de Greonlandia, recibió en marzo de este año a 15 niños venezolanos. Como un milagro sustentado en la disciplina, caminaron sobre 300 kilómetros de mar congelado, luego de asumir que no hay reto demasiado grande (ni siquiera estando bajo cero), cuando el corazón sigue caliente y palpitando hacia la meta. Un proyecto de Marcus Tobía

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I El Invierno más frío

Marcus Tobía: Siempre nos dijeron que el invierno era impredecible en Groenlandia y hay ocasiones en las que el mar no se congela por los efectos del calentamiento global. Nosotros tuvimos el invierno más frío de los últimos diez años. Cuando a uno de los niños le explicamos que caminaríamos sobre el mar, él simplemente no lo creía y al llegar esa fue la primera foto que tomamos. Es una imagen increíble, porque estás rodeado de islas, es completamente plano y esto da una sensación increíble. Tuvimos la oportunidad de pescar y tras hacer el hueco en el hielo para poner una línea de azuelo de 200 metros de profundidad, todos terminaron de creer que en efecto, estábamos caminado sobre el mar.

-¿Por qué los niños deben “hacer cumbre”?

-Lo importante es que los niños recorran el camino, más allá de que “hagan cumbre”. Lo enriquecedor es el proceso de aprendizaje, la cumbre es solo un pretexto, la excusa para poder soñar, emprender algo, es tan solo lo que amarra una cantidad de hilos que al final van a conectarlos con esa cumbre. A través de una experiencia como esta podemos lograr transformarlos, que puedan crecer como personas, que puedan madurar, expresarse y asimilar una experiencia que pueden compartir con otros.

En la serie televisiva contamos la historia de estos niños normales, ellos no son atletas ni superdotados físicamente, fueron seleccionados porque ya tienen una pequeña historia que contar, en su propio contexto dentro de la expedición, de su ambiente o por tener una cultura distinta. Compartieron con personas de etnias, ciudades y realidades distintas entre sí. Eso es enriquecedor.

Cuando expones a niños a condiciones diferentes a la urbana, a la rutina, cuando los pones de lleno ante la montaña, la tormenta, a hacer un esfuerzo físico mayor y al reto de querer lograr una meta, eso les moldea la personalidad. Independientemente de su crecimiento físico, hay algo en el alma y en el espíritu que puedes ver que ha cambiado en ellos al regresar de cada expedición.

-¿Cómo fue el proceso de selección?

-En esta temporada tuvimos una representación más nutrida. Dos niños de Camarata (Edo. Bolívar): José y Roselba, lo que nos permitió también realizar una expedición previa en el Auyantepui, respetando e incluyendo a la comunidad. Varios caraqueños, Heidelberg de Maracaibo, Verónica de Guanare (una niña encantadora y apasionada por la música) y 5 niños de Groenlandia.

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-¿Qué veremos en esta nueva temporada?

-Unimos esfuerzos con Juan Carlos López-Duran, por su importante trayectoria con trabajos documentales. Este es un proyecto perfecto para aparecer en cualquier cadena importante por la sobriedad, el guion, el respeto al recorrido y a Uummannaq, al igual que la fotografía. Tenemos pensado incluso llegar al cine gracias al carácter único de esta experiencia.

II Hablan los niños

En sus ojos se reflejan todos los colores de la aurora boreal, una energía imparable mezclada con la madurez de quienes tuvieron que enfrentarse con un escenario inhóspito y a la vez encantador. Ante el frío polar, ellos compartieron su calidez en cada paso. En esta oportunidad Nicolás Lafaverge (15), Tomás Delgado (13), Daniel Avegno, Alfredo Autiero (12), Oriana Aguilar (14) y Fabiana González (12) hablan de su caminata por el mar, de los retos más importantes y de su mensaje para toda Venezuela.

-¿Qué te queda luego de hacer una expedición como esta?

Nicolás: -Más allá de compartir en la naturaleza, la expedición tiene un gran mérito porque nos permite un gran intercambio cultural con personas que son muy distintas a nosotros, pero de las que aprendimos mucho.

-¿Cómo fue el entrenamiento?

Tomás: -Entrenamos dos semanas en Mérida, también en el gimnasio 398 de Caracas hasta tres veces a la semana. El Ávila nos ayudó mucho. También nos preparamos para afrontar el frío: uno de los retos más importantes. Teníamos que quedarnos en cavas de hielo por algo más de un minuto y luego teníamos que salir a armar una carpa.

-¿Qué fue lo más difícil?

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Daniel: -El frío. Antes de ir a Groenlandia ninguno estuvo expuesto a condiciones tan extremas. Ronchas, pies dormidos, sensaciones más allá de las que conocíamos, todo fue aprendizaje.

-¿Qué aprendieron de Uummannaq?

Alfredo: -Ya habíamos tenido contacto con ellos en la expedición previa al Auyantepuy. Desde el primer momento en que los vimos en el aeropuerto fue muy emocionante, a la media hora ya éramos muy unidos. Una unión mágica, a pesar de las barreras del idioma.

-¿Qué fue lo más raro que viste?

Oriana: -El día que fuimos a cazar focas. Era decisión propia ir a ver esto. Pero decidí ir porque eso forma parte del día a día de los cazadores inuit. Luego nos tocó comérnosla y se me hizo difícil, porque ya había visto todo el proceso previo. Nunca pensé en que vería las auroras boreales, algo mágico, único. Caminar en el mar es una locura increíble.

-¿Quiénes sufrieron más, los chicos o las chicas?

Fabiana (risas): -En realidad todos. Nos apoyamos mucho, y si uno tenía frío, atrás tenías una voz que te decía “¡mueve las manos, los pies, camina!”. Mis compañeros me ayudaron a continuar, a seguir adelante. Marcus siempre buscaba la manera de decirnos que faltaban 2 kilómetros o 20 minutos, y así íbamos.

-¿Y cómo es Marcus como líder?

Alfredo: -Lo veo como un ídolo, siempre nos estuvo apoyando y le agradecemos siempre la oportunidad. A él le debemos todo esto.

-¿Qué se siente llegar a la meta?

Oriana: -Después de los días de caminata, al llegar al campamento, tenía una mezcla de euforia y sentimientos encontrados, porque ya iba a finalizar la expedición. Una mezcla entre tristeza y mucha alegría.

-¿Cuál es el próximo reto?

Alfredo: -Poder demostrarle a toda Venezuela lo que logramos con “Niños en la Cumbre”, el hecho de que si te propones algo, lo puedes lograr.

Nicolás: -Es muy difícil que al ver la serie puedan saber a fondo qué fue lo que vivimos allá, pero es necesario dar a conocer que tras una expedición tan dura, hoy somos más conscientes y no desperdiciamos nada, mucho menos cosas como los alimentos. Pero no hace falta irse a una expedición tan exigente para comenzar a valorar todo lo que tenemos.

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www.childrenonthesummit.com