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Ricardo Ramírez Requena: el librero que escribe

25 Agosto, 2015
Por: Ana Khan

Poeta, escritor, librero y profesor universitario venezolano, Ricardo Ramírez Requena es todo eso y ante todo caraqueño de pura cepa. Sus dos primeras obras publicadas dan cuenta de esa pasión por la urbe, de su amor a la literatura y por ese afán de vivir en ella, después y a pesar de todos lo que suceda.

“Me crié en El Cafetal, vengo de estudiar en un colegio público y una universidad pública, jamás he tenido carro ni me gusta manejar. Me gusta el chocolate, el whisky (cuando se puede), dormir la siesta (cuando se puede). Hice estudios de Administración y mucho después estudié Letras. En mi casa hubo siempre libros y mis padres los pusieron en mis manos. Además, disfruté de muchas actividades culturales en los noventas que me formaron: El Festival Internacional de Teatro, La Semana Internacional de la Poesía. No me gustan las gorras, me gusta el café aunque ahora debo evitarlo, he sido fumador, aunque ahora empiece a dejar de serlo. He tenido muchos oficios: aprendiz de farmacia, operador telefónico, pero me considero esencialmente un librero”.

No conozco a Ricardo Ramírez Requena. Ni falta que hace. Bastan sus escritos. Saber que esos múltiples oficios, incluso el de librero, le han servido para trabajar la palabra hasta convertirla en poemas, cuentos, diarios. Tras muchos años pululando en torno al mundo editorial, publicando en páginas literarias, trabajando como librero en El buscón, asesorando editoriales y dando y recibiendo clases de literatura llega a nosotros sus primeros libros “Maneras de Irse” y “Constancia de la lluvia”.

En la contratapa de Maneras de Irse se dice que habla de: “…los adioses que nos marcan como personas: los que mueren, los que perdemos, los que no volvemos a ver”. De los gestos que dibujamos ante aquellos que vemos partir. Lo hace desde un lenguaje sencillo, elemental, pero no por eso menos cargado de significado. Como prueba de ello está el poema que da nombre al libro:

Las amigas de mi madre se han ido muriendo.

Primero fue Yolanda, de carne firme y silencio.

Luego vinieron la abuela Arreaza, quien le vio

el culo a todo El Cafetal de tantos años poniendo

inyecciones; Elvira, su alegría y su cigarrillo perpetuo;

Beatriz, a quien no le tocaba realmente pero decidió

irse, y al final Elena, impuntual.

Todas se han ido muriendo. Quién les habrá dicho

que podían morirse así, como pidiendo permiso.

Hay maneras de irse y cada una ha respetado el pacto

que las une.

Hay un orden de las cosas y mi madre

lo ha entendido en su silencio.

Se le ve en el rostro, cada vez que aparece Elvira

durmiendo o fumando en la casa, o el ascensor

decide detenerse en el segundo piso, el de la abuela.

Tanto apuro y nadie quiere irse de verdad, dice.

Tanto apuro y no pueden vivir sin contarme sus

asuntos en los sueños, comenta.

Me dejaron sola, cuidándoles la calle y a su gente.

Yo cuento ahora los chismes, yo doy las clases,

yo pongo las inyecciones ahora.

Aún no puedo irme, me cuenta. Ni que quisiera.

Cada día me encomiendan cosas nuevas

las pendejas esas.

Como el poema el libro habla de adioses, pero también de los modos que tenemos de permanecer. De las formas de existir en una ciudad como Caracas. Ramírez que no maneja, habita el metro, de Plaza Venezuela a la Universidad Central y sobre todo fija la cotidianidad, la terrible y la luminosa en sus textos. Sus diarios “Constancia de la lluvia” (XIV Concurso Transgenérico, auspiciado por la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana) son un testimonio conmovedor de su quehacer como profesor, librero, amante, esposo, lector, ciudadano.

“Miércoles 10 de julio de 2013

Amaneció gris y lloviendo; desde anoche se anunciaba lluvia y viento.

Es difícil leer un país. Mucho más relatarlo. Somos una tierra de jacobinos acomodaticios, llenos de mugre de la peste militar, como diría Caballero. En ese sentido, el chavismo tiene razón: ellos conforman una parte sustancial de este país. Pero toda esencia es diversa y variopinta. Existe otro país: existen varios países, realmente, en esta tierra. Existen varios países dentro y fuera de las fronteras de Venezuela que son Venezuela. Creo en un país de tradición republicana y civil y trato de leerlo. Trato de relatarlo aunque tantos ladren para acallarlo.”

 II

La enfermedad, una presencia que se ha vuelto habitual en la vida de Ramírez Requena, impidió un encuentro presencial. Pero, a los poetas basta con leerlos. Mientras encuentra su libro, aquí algunas breves respuestas que nos dio por email.

-Padeces una enfermedad crónica, que urgencias ha traído consigo, cómo ha modificado la forma en que sientes y te comunicas con tu cuerpo.

-Bueno, en principio la asumí desde la negación. Tuve una primera operación en 2006 y me negué a seguir indagando en la posibilidad de la enfermedad. Entonces en 2012 tuve otras molestias y tuve una segunda intervención. Solo entonces comencé el tratamiento alrededor de la enfermedad. Mi relación ha sido de cuidado y atención, pero también de continuar con mi vida a pesar de ella. La enfermedad te recuerda tu fragilidad y tu condición mortal. Te invita a estar más atento a todo.

-Vienes de familias religiosas, ¿todavía crees en Dios?

-Sí creo en Dios, no he encontrado razones para no creer en él. Es un asunto de fe. Una fe muy personal, eso sí, pero que está.

-¿Cuál es tu idea, no ya de biblioteca, sino de la librería perfecta?

-La librería perfecta es lo que tiene el librero perfecto para ti. Aquel que te sabe y te entiende. Como un familiar de toda la vida que se sabe, por instinto, tus pulsiones y fobias. Un librero es alguien de confianza. La librería perfecta es aquella que da espacio y cobijo al librero que lo es.

-¿Cuál libro crees que sirve como bote salvavidas?

-La poesía de Rafael Cadenas, la de Álvaro Mutis, me han acompañado siempre. Me dicen cosas siempre. Son un bálsamo.

-Desde una ciudad como esta, en mundo de ética Kardashian como el que nos toco vivir, ¿qué tan importante es el amor?

-El amor sigue siendo el centro de mucha gente. Somos aún hijos del romanticismo. El amor existe, está. Y seguirá, más allá de nuestras frivolidades.

Grandes esperanzas

Charles Dickens

Dickens fue, junto con Víctor Hugo, el gran narrador del XIX; reunió calidad y popularidad, como ningún otro autor. Fue un fenómeno. En “Grandes esperanzas” hay una veta más melancólica que en el resto de sus producciones, pero a la vez, más cercana a nosotros.

Ídolos rotos

Manuel Díaz Rodríguez

Es un texto muy pesimista sobre nuestra condición de venezolanos; ve de mala manera nuestra idiosincrasia y la juzga severamente. Creo que es un llamado perpetuo de atención sobre nuestra ligereza.

La Saga Malaussène

Daniel Pennac

Llena de humor, irreverencia, locura. A través de la saga de Pennac vemos las andanzas de una familia francesa pobre, de barrio pobre parisino, criada con vietnamitas y árabes. La dureza de la Francia de los últimos 20 años con clave de humor.

Obras completas

Gilles Lipovetski

Uno de los sociólogos más notables de los últimos tiempos. A pesar de concentrarse fuertemente en Francia, Europa y Estados Unidos, sus postulados son certeros para el resto del planeta. De datos duros, mente lúcida, sano escepticismo.