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Soñando un Mundo Feliz

25 noviembre, 2015
Por: Leonardo Dávalos

Estas últimas dos semanas Europa, Francia, y el resto del planeta se ha visto aterrorizada con los violentos ataques suscitados en París. Una violencia y terror desatado a lo largo y ancho del globo terráqueo ha sacudido nuevamente nuestros corazones. Violencia que sucede a diario en Siria, Irak, e innumerables ciudades del Medio Oriente, Asia, África y América. Incluso en Oceanía se han visto actos de barbarie. Puede ser que París, al igual que Nueva York sea utilizada como escenario mundial. Esas ciudades que pertenecen a la humanidad, y que por ese motivo despiertan o causan más empatía en la gente. Aquí reflexionamos sobre los ataques terroristas, y su relación directa con la carencia de valores auténticos con los que pueda crecer una nueva generación en este nuestro planeta Tierra en el siglo XXI.

Vivimos tiempos difíciles, tiempos de cambios, tiempos en los que se suceden hechos inexplicables a los ojos y entendimiento de la mayoría de nosotros. Violencia, corrupción, odio, venganza, destrucción, miseria, y una carencia casi absoluta de valores y sentidos. Nuestra sociedad necesita y clama por una mirada introspectiva que nos ayude a entender todo lo que sucede, por qué y cómo solucionar nuestros problemas como sociedad.

Hay veces en las que se puede pensar que la culpa la cargamos todos como una cruz y estigma de los tiempos modernos. Existe demasiada violencia visual, que hemos permitido se conecte con los más jóvenes y niños de nuestro planeta. Juegos de video en los que vuelan las cabezas de millones de personas, en los que se premia con puntos cada asesinato, cada masacre es un triunfo, cada baño de sangre despierta una sonrisa en el que juega y cada triunfo de estos video games es una lamentable pérdida para nuestra sociedad. Lo mismo sucede en el cine y en los programas de televisión. Mientras más muertes sangrientas, más violencia y rudeza, más rating se obtiene en cada película o cada uno de estos programas. Esto por un lado. Y por el otro, la banalización completa de la vida humana actual, en la cual un grupo de mujeres nuevas ricas, vulgares y corrientes acaparan la atención mundial diariamente. Un mundo en el cual se premia e idolatra únicamente a quien obtenga más seguidores en las redes, sin importar en lo absoluto lo que se hizo para lograrlo. Un mundo en el que los más importantes propósitos de vida de las masas es convertirse en una celebridad para no tener que estudiar ni trabajar en nada. Sino sencillamente poder consumir vorazmente todo lo que se encuentre en el camino a la fama. Si fama y fortuna son los únicos valores reales de nuestra sociedad moderna occidental, podemos entender cuánta frustración existe entre todos aquellos jóvenes que no logran ese éxito a los 25 años. Para lograrlos a toda costa se convierte en válido cualquier desmán. Robo, prostitución, estafa, tráfico ilegal y corrupción se encuentran en el menú de opciones de una carrera que parece fácil utilizando estos medios. Una sociedad que cada vez más desvergonzadamente premia con su aplauso o silencio cómplice a políticos, empresarios y delincuentes de cuello blanco que han logrado sus objetivos por ese fast track de corrupción y robo. Se atropella porque se tiene dinero para hacerlo, se impone, como en las películas, el que tiene las armas más poderosas o a veces los mejores abogados.

La razón, la cultura, la ética, la educación, la inteligencia, la lectura, los estudios, el amor, la decencia, la nobleza, la espiritualidad, la bondad, la igualdad, la tolerancia, parecen elementos olvidados, palabras de un pasado reciente que se va borrando. Y es ahí donde se crea el caldo de cultivo ideal para grupos extremistas que atentan contra la humanidad. Ofrecen ideales falsos de gloria y rectificación, de unión, de encuentro entre hermanos, de consagración del alma. Ante un mundo que ya tiene muy poco que ofrecer, algunas decenas de miles de almas perdidas se anotan en esa búsqueda y consiguen otra vez violencia, odio y sangre como en una pesadilla, o un juego de video, o un capítulo de Game of Thrones. La única diferencia es que todo ahora es real: la sangre, los muertos, las armas, el caos.

Nosotros en Complot Magazine estamos muy conscientes de nuestra labor como medio de comunicación social. Es por eso que hemos querido reflexionar con ustedes al respecto y hacerles saber a todos que a pesar de que trabajemos tan cercanos al lujo, y a otros placeres de la vida, no estamos desconectados de la realidad. Muy por el contrario, nuestro propósito es brindarles entretenimiento, información dentro de una experiencia única y enriquecedora que lleva implícito un mensaje de esperanza, positivo y optimista. Porque nos encontramos siempre soñando junto a todos ustedes el vivir en un mundo mejor, soñamos un mundo feliz.