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Strandbeest: Las máquinas de ensueño de Theo Jansen

30 agosto, 2015
Por: Pedro Maal

 Hechas de tubos de plástico sus bestias caminan por la arena impulsadas por el viento. Ese movimiento las aleja del reino artificial y las convierte en criaturas dueñas de algo que parece alma. He aquí un vistazo, recorrido u crónica de la obra del físico holandés devenido en artista

 “Desde 1990 he estado ocupado creando nuevas formas de vida”

 “Ni polen ni semillas, sino tubos de plástico amarillo son usados como el elemento básico de esta nueva naturaleza. Yo hago esqueletos que son capaces de caminar con el viento, por lo que no necesitan comer”

 “Con el paso del tiempo, estos esqueletos han mejorado su capacidad de sobrevivir a los elementos, como las tormentas y el agua, y eventualmente yo quiero poner a estos animales en manadas en las playas, para que ellos puedan vivir sus propias vidas”

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Animaris Suspendisse
Fotografía: Theo Jansen

Theo Jansen

Debo confesar que la primera vez que vi los Strandbeest no tenía ninguna idea de lo que estaba por experimentar. Como parte de las actividades de Art Basel Miami Beach, cada año se destina el espacio en la playa frente al parque del Bass Museum a una instalación. Como en años anteriores, siempre algo espectacular ocupa este espacio, por lo que con mucha emoción asistimos a la presentación.

Es difícil expresar en palabras la emoción que sentí al ver estos seres “en vivo”, y luego de ver en los monitores a estas maquinas caminar por la playa, empujadas por el viento y moviéndose como seres vivos, se convirtió en mi obsesión el verlos caminar por la playa. No podía creer que me había perdido la caminata de esa mañana (debido a lo apretada de la agenda de esa semana), pero logré averiguar que al día siguiente, antes del atardecer, Theo Jansen daría un paseo con sus animales de playa.

Obviamente la agenda del día incluyó estar en la playa a la hora del paseo de las Strandbeest. El caótico tráfico de Miami Beach durante el Art Basel no me permitió llegar tan temprano como esperaba, pero sí tuve la dicha de ver caminar a las bestias, es más, corrí tras ellas para verlas desde todos los ángulos.

La experiencia es mágica, es imposible no pensar que son seres vivos, sus movimientos son tan naturales que parece que razonaran. Ni hablar de la belleza con la que se desplazan sobre la arena, desplegando sus velas. Todos los presentes nos comportábamos como niños, corríamos con una sonrisa al ver a Theo Jansen caminar junto a sus creaturas, mientras el cielo de Miami Beach se teñía de rosa.

Luego de esta experiencia inolvidable, me dediqué a investigar más sobre este físico holandés que decidió ser artista y desde 1990 construye sus máquinas de ensueño.,

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Theo Jansen

Theo Jansen nació, vive y trabaja en Delft, una ciudad costera al norte de Holanda. En 1990 escribió un artículo en el periódico holandés De Volkskrant, en el que advertía que el nivel del mar estaba subiendo (tema muy importante para los holandeses) y esto podría reducir al país al tamaño que tenía en la época medieval. Como una solución, él proponía crear unas maquinarias que fueran lanzando arena en las playas para ayudar a mantener el tamaño de las mismas y así contrarrestar la erosión. Prometió dedicarse un año al proyecto y es lo que hace desde ese momento.

Desde un principio abordó el problema como un físico, totalmente racional y científico. Buscando materiales de construcción en una tienda especializada, pensó que los tubos de PVC eran perfectos para sus experimentos. Durante años creó estructuras que pudieran primero sostenerse por sí solas y luego caminar, utilizando PVC como único material. Muchos años demoró en lograr la primera estructura que pudiera caminar Animaris Currens Vulgaris la llamó. Y aquí viene lo mas fascinante, para crear el movimiento utilizó la teoría de selección natural de Darwin con algoritmos matemáticos.

Primero descubrió que las “piernas” debían ser conformadas por varias piezas pequeñas articuladas, 11 para ser exactos. Pero, ¿de qué tamaño debía ser cada una para funcionar? Las posibilidades eran gigantescas, si cada una de estas 11 piezas podía tener 10 largos diferentes, existen 10.000000.000.000 de posibilidades. Una computadora se demoraría 100.000 años en revisar cada posibilidad. Para enfrentar este problema utilizó un método matemático basado en la evolución de las especies.

Se crearon en computadora 1.500 piezas de distinto largo, luego la computadora analizó cuáles eran las que proporcionaban la curva ideal para caminar, de allí se escogieron las 100 mejores. A estas se les otorgó la oportunidad de reproducirse, se copiaron y combinaron en 1.500 “piernas”. Estas “piernas” se estudiaron otra vez para obtener la curva ideal, y este proceso de “selección natural” siguió por días, semanas y meses, día y noche hasta que la computadora obtuvo los 11 números que ofrecían los tamaños perfectos para crear una “pierna”. Así nació el Animaris Currens Vulgaris, la primera criatura que pudo caminar. Estos 11 números, que son la base de toda su creación artística en los últimos 25 años, Theo Jansen los ofreció al dominio público para que otras personas desarrollen proyectos a partir de sus investigaciones. Y así ha sido. Él considera que estos proyectos permiten a sus bestias reproducirse.

Sé que suena muy científico y difícil de comprender, pero lo fascinante de esto es cómo una mente científica crea un ser animado a partir de objetos inanimados.

Como lo describe Lawrence Weschler en un artículo en el New York Times:

“La cosa es, cómo yo llegué a sentir, cada vez que Jansen tomaba una de sus criaturas a dar un paseo, que realmente parecen estar vivos, con propósito, resueltos, astutos. Ellos no se encuentran en el valle misterioso que aflige a otros tantos intentos robóticos, tal vez porque no están tratando de parecer otra cosa que no sea lo que son: Son evidentemente máquinas de PVC y, sin embargo, en su animación constante, casi parecen evidenciar un alma”.

Y estas bestias realmente parecen estar vivas, el tipo de movimiento no es de maquinaria, es de ser vivo. Las piernas se articulan en una columna vertebral que organiza el movimiento entre ellas. Jansen les creó también músculos a las piernas, tubos de PVC que se insertan dentro de otros y se extienden al caminar. También tienen estómago, unas botellas de PVC que se llenan de aire y lo expulsan cuando el viento no es suficiente. Se podría decir que tienen cerebro, ellas saben cuándo se acercan al agua y deben detenerse.

Jansen considera a sus creaciones, como animales, nacen en su laboratorio, luego pasan un tiempo de prueba en espacio creado para que desarrollen su movimiento, antes de permitirles caminar por la playa, su hábitat natural. Hasta existe un cementerio de fósiles en donde descansan los restos de bestias anteriores.

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Strandbeest
Fotografía: Charles Roussel

Realmente fascinantes y, aunque nunca fue la intención, según sus propias palabras, bellas. “La gente habla de lo hermosas que son mis Strandbeests, mientras desfilan por la playa. Pero usted tiene que entender: Nunca estuve interesado en la belleza como tal. Yo estaba interesado en la supervivencia, por lo que todo se basó en un examen de la función, la forma de hacer que las cosas funcionen mejor. Lo fascinante, sin embargo, fue que -una vez más, como con la naturaleza– mejor que el funcionamiento, a menudo, más bello es el resultado”.

 www.strandbeest.com