Durante el Miami Open, el juego se expande hacia la ciudad —sube a rooftops, se mezcla con la música, se sirve en copas— y encuentra en el reconocido EAST Miami uno de sus escenarios más naturales. Este año, el hotel celebró esa intersección con Off The Court, una programación que, más que acompañar el torneo, lo traduce a otro lenguaje: el de la cultura, la imagen y la experiencia.
Hay una memoria implícita en todo esto. Hace diez años, Roger Federer sorprendía a los invitados con un DJ set en Sugar, el rooftop del hotel. Desde entonces, la relación entre EAST Miami y el ecosistema del tenis ha evolucionado hacia algo más orgánico: un punto de encuentro donde el circuito se relaja, se mezcla y, por momentos, se reinventa.
El corazón de esta edición fue una noche en Sugar —ese jardín suspendido sobre la ciudad, con vistas que van del skyline de Brickell a la bahía— donde el tenis se convirtió en conversación. La grabación en vivo del podcast Tennis Insider Club, conducido por Caroline García, reunió a una nueva generación de protagonistas: Jakub Mensik, Sebastian Korad y Hubert Hurkacz. Lejos del formato rígido de conferencia de prensa, la conversación se movía con naturalidad entre anécdotas, presión competitiva y esa dimensión más humana que rara vez se ve en la pista.
Después, la noche cambió de ritmo.
El público —una mezcla precisa de insiders del circuito, personalidades de la escena local y habituales del universo de la raqueta— se dispersó entre la música, las barras y las vistas. Todo, además, a la altura de lo que se espera de EAST y de Sugar: un cóctel generoso, barra abierta sin reservas y una sucesión de canapés tan abundantes como cuidados. Más que un detalle, era parte del gesto —una hospitalidad espléndida que no pasaba desapercibida y que definía el tono de la velada.
Los cócteles, inspirados en los cuatro Grand Slams, funcionaban más como guiños que como tema central: pequeños códigos para quienes entienden el lenguaje del tenis, reinterpretados con humor y cierta ligereza.
Pero quizás el gesto más interesante de Off The Court no estaba en la fiesta, sino en el lobby.
Allí, la fotógrafa Corinne Dubreuil presentaba una serie de imágenes que capturan el tenis desde un lugar distinto: no solo la potencia o la victoria, sino también la tensión, la pausa y la vulnerabilidad. Sus retratos de figuras como Novak Djokovic, Jannik Sinner o Coco Gauff no buscan espectacularidad, sino cercanía. Una mirada que, más que documentar el deporte, lo interpreta.
Y ahí es donde el concepto cobra sentido.
Off The Court no intenta competir con el torneo, ni replicarlo. Más bien propone otra forma de vivirlo: sin marcador, sin reloj, sin la urgencia del resultado. Un espacio donde el tenis se convierte en cultura, en estética, en excusa para reunirse.
En una ciudad como Miami —donde todo parece suceder al mismo tiempo— esa transición resulta casi natural. Porque aquí, incluso cuando el partido termina, la experiencia apenas comienza.




























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