No todos los días uno se enamora de un par de zapatos. Pero cuando sucede, se sabe de inmediato: ese momento en el que miras hacia abajo, los ves puestos, y entiendes que algo cambió.
Los míos llegaron desde Australia, hace una semana en una caja discreta, sin promesas grandilocuentes ni colores estridentes. Se trata de un modelo de mocasín en azul marino de Oxy Originals, una marca que, siendo honesto, no tenía en el radar. Bastó ponérmelos una vez para entender de qué iba la cosa: comodidad que no se negocia y diseño con suficiente carácter como para hacerse notar sin necesidad de gritar.

El modelo se llama Protech, y aunque suena a nombre de gadget futurista, en realidad es una reinvención del clásico driving shoe, ese mocasín pensado originalmente para manejar autos deportivos, que Oxy saca del garaje para poner a prueba en la vida cotidiana.
Lo interesante es que este zapato tiene una mentalidad casi técnica: su suela está reforzada con una capa antipunción, lo que lo hace ideal para enfrentar cualquier superficie sin preocuparse por clavos, piedras o las sorpresas del asfalto. Está confeccionado en cuero genuino, se adapta rápidamente al pie, y se renueva cada temporada con nuevos colores y acabados sutiles, para quienes aprecian el detalle sin obsesionarse con la tendencia.

No es un zapato deportivo. Tampoco es estrictamente formal. Es ese punto medio exacto que te permite usar el mismo par para una reunión, una caminata por calles empedradas o un viaje largo al volante, sin renunciar al estilo ni al confort. Resultan ideales para el verano, o donde ese clima, como aquí en Miami, reina todo el año. Lo mejor es que te visten tanto con jeans, unas bermudas o unos pantalones de lino.
Y quizá lo más curioso es que, al final, no sabes si estás usando un zapato técnico disfrazado de clásico, o un clásico perfeccionado por la tecnología. Y eso, en un mundo lleno de excesos, ya es mucho decir.



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