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Grand Velas Maya Resort & Spa, lujo en la Riviera Maya

13 septiembre, 2015
Por: Leonardo Dávalos

Localizado en uno de los destinos turísticos mas cotizados del mundo, la Riviera Maya, en México, este lujoso resort desafía las reglas del turismo all inclusive, al ofrecer una experiencia y una calidad muy distantes de lo acostumbrado en este tipo de hoteles. Apoyado en tres de las cosas en que los mexicanos se destacan: la comida, el servicio y la arquitectura monumental, el Grand Velas Maya bien merece los reconocimientos recibidos por la industria del turismo de lujo.

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Entrada al Grand Velas Riviera Maya

Volamos desde el Miami hasta Cancún, en un sorprendentemente corto y cómodo vuelo de una hora y media de duración. El camino desde el aeropuerto al Hotel Grand Velas Riviera Maya se encuentra en muy buen estado, y se recorre en menos de una hora. Una impresionante fachada nos anuncia que ya hemos llegado. Desde su monumental portal se deja sentir ese aire de grandeza, de civilización, de ese particular lujo que tiene la gran arquitectura mexicana.

Pasamos la garita de seguridad y nos adentramos en un hermoso y serpenteado camino, completamente rodeado por una frondosa vegetación, flores tropicales de colores y una total pulcritud. Un recorrido que nos indica que estamos en medio de un gigantesco desarrollo turístico con todas las de la ley.

Y es que la propiedad descansa en la paradisíaca península de Yucatán, en un privilegiado terreno de 205 acres de la Riviera Maya, en donde se emplazan en tres diferentes edificaciones 500 suites, un impresionante spa,15 opciones de bares, cafés y restaurantes, cinco de ellos gourmet, dos gimnasios, tres piscinas, club de niños y de adolescentes, y un sinfín de amenidades.

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Alberca Grand Class

Luego de atravesar gran parte del vasto terreno en donde descansa el resort, llegamos a nuestro hotel, el Grand Class, el más lujoso y exclusivo de la trilogía que conforma junto al Zen Grand y al Ambassador este complejo hotelero. Nos recibe un descomunal lobby con vista a un más azul que nunca Mar Caribe, que invita a dejar las maletas y correr a abrazarlo. Las dimensiones del hotel son impresionantes y lo insólito es que está construido y diseñado magistralmente para que aún con sus dimensiones, se sienta un aire de lujo. Es ese maestro y sublime manejo de la arquitectura monumental que poseen los arquitectos mexicanos.

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El lobby del Grand Class

Con una amabilidad y servicio de primera categoría, nos conduce el concierge a nuestra suite. Ubicada en planta baja con su propia pequeña piscina externa en la terraza, con salida al jardín de grama japonesa, las palmeras y a ese Mar Caribe, tan azul. Adentro, pisos de mármol travertino, topes y paredes de madera obscura, una cama digna de reyes, una sala con una pantalla de TV que gira para verla desde donde se te antoje, una sala de baño gigantesca. No es un all inclusive cualquiera. Pertenece a la organización Virtuoso, The Leading Hotels of the World y ha recibido los AAA Five Diamonds Award. Tiene incluido hasta el minibar con todos los antojos de comer y beber. ¿Y la tequila? Allí en la entrada de la suite descansa una botella especial que aguarda por un caritativo ser humano que le haga el favor. Respirando profunda y relajadamente salimos a nuestra alberca a tomarnos el ansiado shot de tequila con la luz del atardecer cayendo sobre el mar. Si una escena verdaderamente paradisíaca.

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Nuestra suite en el Grand Class

Contemplamos el mar, las palmeras, las terrazas de las suites de los dos pisos de arriba al nuestro y a disfrutar con todos los sentidos cada uno de los detalles creados por el arquitecto mexicano, Ricardo Elías, artífice de esta gran obra, sentados al borde de la piscina principal de verdes baldosas. Un verde que casi le otorga categoría de joya, no es jade ni esmeralda, pero te hace sentir -entre tanto esplendor- como un cacique o un noble maya, dándose un baño de señorío. Y es que el servicio se encuentra a la altura del diseño del Grand Velas Maya.

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Terraza de nuestra habitación en el Grand Class

Una gran ventaja del hotel en el que estamos, es que en sus espacios no están permitidos los menores de 15 años, por lo cual el ambiente es muy relajado y privado. Si se sigue caminando por la playa o por la piscina se llega al Ambassador, donde el nivel del ruido y la cantidad de gente se incrementan significativamente. El ambiente es familiar, la piscina es mucho mas grande y sus baldosas son azules. A un costado, frente al mar, se encuentra uno de los restaurantes mas populares para desayunar o almorzar informalmente, el restaurante Azul, donde se puede escoger comer a la carta o servirse de un extensísimo y variado buffet con comida mexicana e internacional.

Es tiempo de volver a la habitación, nos espera la hora del cocktail en el Koi Bar, seguido de una cena. Es noche para celebrar encuentro y reencuentro con amigos, conocidos y desconocidos, con una cena en el Restaurante Cocina de Autor, localizado en el primer piso del Hotel Grand Class. De los fogones de este galardonado local se ofrece una carta de comida española y vasca contemporánea. De moderna y elegante concepción, cuando se entra al lugar, ya se sabe a lo que se viene. O al menos se adivina. No existe una carta o menú, en el restaurante se sirve la propuesta de la temporada de los chefs Bruno Oteiza y Mike Alonso. Sorprende conseguir un restaurante de esta índole en un complejo turístico todo incluido. Alta gastronomía que van sirviendo con elegancia, amabilidad, puntualidad y encanto, el equipo de mesoneros. Probablemente la única crítica es que las mesas lucen extremadamente austeras porque la cubertería, vajilla y copas las van colocando en el transcurso de la cena. No obstante, la propuesta en general es bastante sorprendente. Sabores, aromas, y cocciones de ingredientes que hablan por sí solos de la calidad de sus maestros cocineros.

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Playa Grand Velas Riviera Maya

El segundo día nos levantamos a las seis de la mañana y salimos al gimnasio más cercano. Sudor, ducha, baño en el mar y desayuno en el restaurante Bistró al borde de la piscina. Si el atardecer había sido especial, el amanecer es aún más hermoso. Especialmente desde la habitación o la piscina. Todo lo que tenga agua es multiplicador de la belleza, asentimos mientras desayunamos antes de comenzar un tour por la propiedad.

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Piscina del Zen Grand

Una minivan nos conduce al Hotel Zen Grand, y otra vez un gigantesco lobby, ubicado debajo de un colosal techo de paja imitando al de las chozas de los antiguos mayas, nos recibe con magnanimidad. Aquí los diseñadores juegan con el concepto oriental zen, relajación, meditación y conexión de uno con su entorno, el todo. El diseño de todos los espacios, las suites, la vista de ellas a la tupida vegetación de la selva de los manglares, el recorrido por cenotes naturales que lo rodean, la paz y tranquilidad que se respira, hacen de esta alojamiento una clara opción para aquellos que no desean las actividades de playa, las fiestas, ruido y lujo mundano, que andan en busca de un escape más tipo ecoturismo, más retirado. El diseño y concepto está muy bien logrado. En este edificio se localizan los centros y salones de convenciones, con una impresionante capacidad de alojamiento y servicio. También en una de sus alas se encuentra ubicado el spa. Cascadas y vegetación se unen a nuestra caminata, la cual se va tornando demasiado cálida y húmeda para nuestro gusto. Es aquí cuando entendemos que nosotros no estamos en busca de nada zen. Que somos totalmente convencionales, cómodos y occidentales, y sospechamos que a pesar de que la piscina de este Hotel Zen Grand, es más bonita, más tranquila y de que su emplazamiento es más espectacular, nosotros seremos mucho más felices en la nuestra, frente al mar.

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Habitaciones del Zen Grand

Baño en el mar, descanso en la tumbona de playa, sol, ceviche y nuevamente a comenzar: baño en el mar… Claro, omito la parte de embadurnarse y rociarse con protector SPF 50, pero es que ese momento es abominable y no debe describirse jamás. Pero sí hay que hacerlo. A las seis se nos antoja un café con una torta de chocolate en Bistró. La cena es a las nueve. Esta noche nos toca cenar en Frida, el restaurante de cocina contemporánea mexicana. El lugar es alegre, cálido, y la comida es realmente auténtica, honesta y sorprende lo creativo que llega a ser el chef Ricardo De la Vega, con los ingredientes autóctonos de esta tierra. Inclusive los postres son recreaciones e interpretaciones con sabores y especies originales. Una propuesta moderna, muy bien presentada.

A la mañana siguiente las calorías nos despiertan y arrastran nuevamente al gimnasio, una hora de fuerte entrenamiento para quemar todo lo malo que tenemos escondido, y lo que falta por quemar, lo terminamos de quemar en una clase de baile en la piscina familiar. Al principio la miramos con desdén y al final no podíamos con un paso más de ningún ritmo. Extremadamente extenuante. Lo que implica seguramente que todo lo que pasó la noche anterior en Frida ya es historia y nada más.

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Piscina de hidroterápia en el Spa

Un desayuno ligero en Azul antes de irnos a la cita del spa. El mismo nos recibe en un lobby de inspiración balinesa. Antes de recibir el masaje, bajamos al imponente espacio que nos recuerda al de una escena de una película de James Bond. La rutina del viaje hidrotermal es casi religiosa, ducha, seguida de sauna, luego baño de vapor con terapia de colores, baño de arcilla, luego otra ducha, luego el baño turco, y de allí a las piscinas para las piernas, una con agua helada y otra caliente con chorros de masaje. Y de allí pasamos a la piscina grande final con diferentes chorros e intensidades para masajear todo el cuerpo.

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Sala de descanso del Spa

Un buen rato en remojo te relaja de una manera tan contundente, que de allí no te provoca nada sino recostarte cómodamente en los chaise lounges hasta que escuches tu nombre. En ese momento una terapista te conducirá hasta tu sala de tratamiento. Luego de 50 minutos de masaje de pies, manos y hombros, mi cuerpo y mi alma, piden un retiro inmediato a la suite con vista.

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Pasillos del Zen Grand

A las ocho quedamos en tomar un cocktail en el Sky Bar, lo que nos preparó para nuestra experiencia en el restaurante Piaf. De la mano del chef Karl Gulota, nos llega una carta de indiscutible propuesta francesa, con la debida sutileza y toque francés de elegancia y sobriedad que amerita un gourmand. Todas las mesas del restaurante se encuentran completamente ocupadas, lo cual certifica el éxito de su cocina entre los visitantes mas exigentes. La charla con el simpático chef cerró la cena y abrió espacio para discutir sobre si Piaf era el nuevo favorito de todos.

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Sky bar

Y así nos fuimos esa noche caminando por la playa, escuchando el romper de las olas con el firmamento, hasta que llegamos una vez mas a nuestra suite. Nuestro refugio y santuario durante unos maravillosos e inolvidables días de verano en la Riviera Maya.

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