Del 1 al 7 de diciembre, Miami deja de ser una ciudad y se convierte en un estado de ánimo. Lo de “semana de arte” se queda corto: es más bien una coreografía colectiva donde las ferias parecen aeropuertos, los hoteles juegan a ser museos temporales, el tráfico se vuelve performance y las marcas ensayan, entre copa y cóctel, su propia teoría del arte contemporáneo.
El ancla —real o simbólica— sigue siendo Art Basel Miami Beach. Pero hace tiempo que la experiencia se escapó del Convention Center y desbordó hacia la playa, el Design District, Wynwood, Coconut Grove, los lobbies y hasta las escaleras de servicio. Si algo define hoy a Miami Art Week es el desequilibrio: entre ver y ser visto, comprar y contemplar, hacer fila y huir de ella.
Este texto no pretende solucionarlo. Solo trazar un mapa razonable —y razonablemente subjetivo— para navegar la semana más intensa del arte sin perder el humor ni el norte.

El corazón late en el Convention Center
Oficialmente, la historia comienza en el Miami Beach Convention Center, donde Art Basel Miami Beach convoca a casi 300 galerías de todo el mundo del 5 al 7 de diciembre. Es la gran feria de las Américas, el lugar donde conviven los blue-chip, los nombres que hay que pronunciar bien y las conversaciones en voz baja que terminan en ventas millonarias.
Pero más allá de los números, Basel funciona como termómetro: mide hacia dónde se inclina el gusto global, cuánto espacio se le concede a la experimentación y hasta qué punto el arte sigue siendo un refugio simbólico o un activo financiero con buena iluminación.
En esta edición, booths como el de Schoelkopf Gallery, con su revisión del modernismo estadounidense y una suite de acuarelas de Romare Bearden reimaginando la Odisea desde la experiencia afroamericana, subrayan algo importante: el relato de la modernidad está lejos de ser cerrado. Y galerías como Perrotin llegan con un elenco que mueve tanto a coleccionistas como a algoritmos —de Takashi Murakami a JR, pasando por una nueva generación de artistas que han aprendido a coexistir entre el white cube y la pantalla del teléfono.
Basel sigue siendo el centro; el resto de la semana, la órbita.

El sistema solar de ferias
A pocos pasos, en Pride Park, Design Miami celebra su 20º aniversario bajo el tema Make. Believe., un statement perfecto para una feria que siempre ha vivido en la frontera entre objeto funcional y fantasía coleccionable. Este año, la arquitectura efímera del pabellón, los proyectos especiales y el nuevo Henge Collectors Lounge refuerzan la idea de que el diseño ya no se conforma con decorar: quiere narrar, especular y, de paso, ofrecer un sofá donde cerrar un trato.
En la misma constelación están:
Untitled Art, sobre la arena de South Beach, del 3 al 7 de diciembre, que sigue siendo la feria favorita de quienes prefieren una mirada curatorial más afinada, con espacio para respirar entre booth y booth.
NADA Miami, del 2 al 6, en Ice Palace Studios, donde casi 140 galerías, espacios independientes y proyectos híbridos recuerdan que el futuro del arte muchas veces se cocina lejos de los pasillos más fotografiados.
Art Miami y Context, en Biscayne Bay, que combinan skyline, agua y una mezcla de artistas emergentes y mid-career que seduce tanto a coleccionistas veteranos como a recién llegados.
Pinta Miami, en Coconut Grove, es la única feria especializada en arte ibero y latinoamericano durante la semana. Funciona como un encuentro íntimo más que como un circuito de stands: una propuesta boutique, al aire libre, donde la obra respira y el diálogo ocurre sin prisa. Aquí no se ve todo rápido; se mira con atención.
En la periferia luminosa del sistema, ferias como SCOPE (este año con una cancha de padel convertida en instalación, por qué no?, es Miami), AfriKin, Spectrum, Red Dot, Aqua o INK Miami completan el paisaje: desde la gráfica y el papel hasta la pintura figurativa más directa, pasando por propuestas que funcionan mejor con zapatillas cómodas que con stilettos.
Lo interesante no es verlo todo —es imposible—, sino asumir que cada feria revela un tipo distinto de relación con el arte: inversión, descubrimiento, confirmación, curiosidad o simple deseo de perderse un rato en otra narrativa.

Hoteles que deciden ser museos (y algo más)
Si un buen mapa de Miami Art Week ya no se puede trazar sin señalar ferias, tampoco tiene sentido ignorar la mutación hotelera. La ciudad ha descubierto que un lobby puede ser sala de exposición, un rooftop, escenario de performance, y una habitación, instalación inmersiva con minibar.
En South Beach, The Shelborne By Proper se consolida como nodo cultural. En su playa, Pilar Zeta despliega The Observer Effect, una escultura iridiscente de portales monumentales que cambian de color con la luz del día, convirtiendo el paseo frente al mar en un viaje entre futuro, metafísica y selfie. Paralelamente, el Fora Beach Club reimagina el clásico club de playa como espacio social para viajeros, coleccionistas y amigos de la casa, donde arte y hospitalidad comparten la misma tumbona.
Dentro del hotel, Design Hotels trae a Casa Bosques desde Ciudad de México para instalar una librería pop-up que funciona como refugio literario y sala de ideas, con títulos de arte, diseño, viaje y hospitalidad, además de presentaciones y conversaciones abiertas al público. Más que una tienda, es una declaración de intenciones: el hotel como lugar para pensar y no solo para dormir.
El Ritz-Carlton South Beach levanta su propio ecosistema artístico con instalaciones monumentales sobre tecnología, naturaleza y ficción, mientras Ritz-Carlton Bal Harbour amplifica esa línea con el líquido, suave y luminoso universo de Christopher Martin. Ritz no exhibe: compone atmósferas.
A unas cuadras, The Standard Spa Miami Beach, se deja intervenir por Moooi, que reimagina varias habitaciones y el lobby como microescenarios sensoriales: olor, luz, texturas y muebles pensados para convertir una estadía en experiencia inmersiva. Gantri suma un fotomatón iluminado por sus luminarias de diseño y Donde Esteban, la marca de resort wear de Esteban Cortázar, convierte su “tiendita” tropical en cápsula pop-up que condensa Cartagena, Miami y verano eterno en una misma postal.
Mr. C Miami – Coconut Grove inaugura su propio programa artístico con una residencia de Federico de Francesco, que mezcla flora tropical, mar y horizonte en una serie de obras que ocupan lobby, pisos intermedios y Bellini, el restaurante del hotel. La sensación es clara: Coconut Grove se toma en serio su pasado bohemio y lo traduce al idioma del lujo contemporáneo.
En Moxy South Beach, las escaleras dejan de ser un espacio de tránsito para convertirse en mural continuo: el Keep Walking Staircase Project, en colaboración con el Jason Perez Art Collective, envuelve el edificio con grafitis y color, coronado por una noche de celebración en el rooftop con Johnnie Walker, DJ y esculturas intervenidas en vivo. Porque en Miami, subir escaleras también puede ser experiencia estética, dependiendo de cuánto subas y cuánto bebas.
Y luego está Faena, que no compite con los demás porque juega en otro registro: el de las fábulas monumentales. Si otros hoteles participan, Faena comisiona mitologías. Nada de “intervenciones” ni “activaciones”: aquí las obras aparecen como si siempre hubieran debido existir frente al mar.
Este año, para celebrar diez años de Faena Art en Miami Beach, la protagonista es Es Devlin, con Library of Us, una instalación luminosa que convierte la playa en una biblioteca en movimiento, con 2.500 libros que giran en un carrusel de lectura colectiva. Es una obra para ver, para habitar y para leer (si uno logra sentarse sin fotografiarse primero).
La experiencia continúa en la Faena Cathedral y el Project Room, ampliando la escala hasta convertir el distrito entero en una dramaturgia del lenguaje, donde caminar equivale a leer en voz alta. Faena vuelve a confirmar lo que ya sabe: no tiene por qué seguir la semana de arte, porque parte de ella sucede en Faena.
No es un museo, aunque lo parece. Tampoco es una feria, aunque produce obsesión de coleccionista. Faena simplemente ocupa el lugar del teatro cultural de Miami: un escenario donde el diseño, la performance y la arquitectura se vuelven personajes, no decorados. Quien lo entiende, celebra. Quien no, lo graba en celular igual.

Comer, mirar o ambas cosas
En Miami Art Week, la mesa ya no es una pausa entre ferias: es otro formato expositivo. Lo vienen demostrando proyectos como We are Ona, que este año se instala en Andaz Miami Beach con una escenografía de Sabine Marcelis —mesas de piedra trabajadas como si fueran esculturas, luz diseñada como objeto, ambiente pensado para que comer sea también contemplar. El menú corre a cargo de José Andrés Group: platos que funcionan tanto como narrativa sensorial como alimento (aunque conviene recordar que uno está ahí para comer, no para filosofar sobre un crudo de cobia mientras se derrite el helado del postre).
En LPM Miami, el icónico Tomatini se vuelve pieza curatorial de Antonio Aricò: servilletas ilustradas, platos intervenidos, esculturas sutiles… La gastronomía como declaración estética, sin dejar de ser placer inmediato. Mientras tanto, en en Miami Beach, Chef Wei Chen abre su omakase Omawei en The Bath Club, con una coreografía de 16 tiempos que parece creada para coleccionistas que buscan una obra efímera, servida en porcelana y acompañada de wasabi real.
Y luego llega Complex’s Family Style Food Fest, el festival en Wynwood donde comida, streetwear y arte caen en la misma cazuela: aquí la estrella es Nina Chanel Abney, dirigiendo visualmente un evento que convierte la cultura gastronómica en instalación pop, merch, consumo inmediato y experiencia colectiva. Un recordatorio de que, en Miami, comer también puede ser acto curatorial, con o sin cubiertos.

Museos y galerías: el pulso serio (y necesario)
Mientras la ciudad celebra, los museos sostienen el ritmo más complejo: ese que no necesita fiesta para justificar su existencia. The Bass, por ejemplo, mezcla memoria y presencia: Jack Pierson revisita sus años en Miami como quien desempolva un álbum emocional, Lawrence Lek imagina arquitecturas especulativas en NOX Pavilion, y Sarah Crowner dialoga con Etel Adnan en una conversación silenciosa entre color y paisaje que parece escrita con geometría.
En el Pérez Art Museum Miami (PAMM), la escala se vuelve introspectiva: coming forth by day, de Woody De Othello, parece respirar desde la materia, mientras Elliot y Erick Jiménez transforman El Monte en ritual visual que conecta espiritualidad afrolatina y fotografía contemporánea sin necesidad de subrayarlo.
En el Institute of Contemporary Art Miami (ICA), Igshaan Adams convierte la escalera en viaje vertical con tapices que caen como cascada de memoria, hilos, polvo y afecto. Más arriba (o más abajo, dependiendo del paso), una gran revisión de Joyce Pensato revela medio siglo de obsesión pictórica entre cultura pop y gesto urgente, mientras Pressure de Richard Hunt, primer estudio institucional póstumo del escultor, propone una lectura de la forma como resistencia física y política —bronce, acero, movimiento comprimido.
The Wolfsonian–FIU, fiel a su espíritu, recuerda que la modernidad nunca fue ingenua: la vitralería de Harry Clarke, las visiones de futuro en las Exposiciones Universales y el diseño “moderno” que cruzó fronteras industriales y geopolíticas, componen una lección elegante sobre cómo el arte y el diseño siempre han servido a la imaginación… o al poder.
Y Locust Projects, con LA ESQUINITA, crea instalación total que mezcla pastelería monumental, souvenirs y crítica: Miami dulce y feroz, todo a la vez.
En medio de tanto vértigo externo, estos espacios funcionan como pulsómetro. Aquí el arte no solo circula: piensa, archiva, recuerda, incomoda, respira.
Entre todo ese torbellino, aparece algo raro: silencio. 74th Arts, que llega con su “Layover” en El Espacio 23, propone detener la velocidad y pensar. Un recorrido curado, un panel sobre el futuro del arte latinoamericano, un desayuno sin urgencias, una conversación sin hashtags. Es lo contrario a la ansiedad de “estar en todo”: una invitación a elegir qué mirar, no solo a ver qué sucede.
La ciudad, a veces, necesita aire. Aquí lo encuentra.

Marcas que quieren hablar arte
En esta ciudad-escenario, las marcas ensayan discurso cultural propio: IKEA presenta GREJSIMOJS como cápsula kitsch de alegría lúdica; Marc Jacobs transforma el Miami Beach Botanical Garden en manifiesto pop bajo el nombre JOY; Cartier despliega Panthère Into the Wild con teatralidad felina; Ralph Pucci rinde homenaje a Isabel Toledo a través de Rubén Toledo en mural vivo; Miami Design District no vende lujo, vende discurso urbano con Gargantua’s Thumb y Walking On Air; y Villa Paula, tomada por Architectural Digest y The Future Perfect, se convierte en mansión-escenario donde la arquitectura no es contenedor, sino protagonista.

Epílogo bajo el sol (o a la sombra de una instalación)
Cuando termina Miami Art Week, la ciudad no vuelve exactamente a la normalidad. Algo queda. No solo las obras vendidas o los murales recién pintados, sino la memoria de haber visto la ciudad jugar a ser muchas cosas a la vez:
• Parte de la ciudad entiende el arte y lo produce con coherencia.
• Otra cambia con él, lo asimila, se transforma.
• Una más improvisa, con talento tropical y timing impredecible.
• Hay quienes lo pretenden entender, y tampoco pasa nada: participar ya es una forma de sentido.
• Y todos, absolutamente todos, lo celebran, aunque el significado llegue después (o nunca).
Quizás eso sea lo más interesante de Miami Art Week: no la unanimidad cultural, sino la convivencia de miradas. Aquí el coleccionista convive con el turista accidental, el curador con la influencer, el artista con el DJ, la obra con el cóctel. La ciudad es arte cuando quiere, tráfico cuando puede, fiesta cuando le da la gana y escenario cuando no le queda otra.
Hay algo profundamente contemporáneo en eso: la identidad no está en lo que se fija, sino en lo que sucede.
Miami no busca definir el arte. Solo ofrecerle un lugar bajo el sol —o la sombra de una instalación monumental. Cada quien decide dónde pararse. La ciudad, mientras tanto, sigue bailando.
Cartografía para una semana que no cabe en una semana: Miami Art Week 2025 2.0



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