The Ark: aquello que aún vale la pena salvar

17 mayo, 2026
Por: Leonardo Dávalos / imagen cortesía Powerhouse Arts

Hay exposiciones que hablan del presente de forma directa. Y hay otras —quizás las más interesantes— que lo hacen a través de metáforas. The Ark, la gran muestra colectiva que inaugura en junio en Powerhouse Arts, pertenece claramente a esa segunda categoría.

Curada por el artista Eric Fischl junto a Eric Shiner, la exposición reúne 89 esculturas de animales creadas por artistas de distintas generaciones, en una propuesta que toma la idea bíblica del arca como punto de partida para hablar —sin discursos obvios— de fragilidad, supervivencia y coexistencia.

Pero aquí los animales no funcionan únicamente como símbolos. Son presencia. Esculturas monumentales, figuras observadas de cerca, cuerpos suspendidos, criaturas que parecen existir entre la belleza y la inquietud. Más que ilustrar una crisis ambiental, The Ark parece preguntarse algo más complejo: qué ocurre emocionalmente cuando entendemos que compartimos el mundo con seres vulnerables cuya desaparición también transformaría la nuestra. Esa idea atraviesa toda la muestra.

Según Fischl, muchas de estas obras logran capturar “la belleza inherente del animal” y esa dimensión instintiva donde conviven supervivencia, asombro y miedo. Y quizás allí está una de las claves más interesantes de la exposición: hablar del ser humano sin colocarlo necesariamente en el centro.

La muestra fue presentada originalmente en 2025 en Sag Harbor, pero esta nueva edición adquiere otra dimensión al instalarse en Brooklyn, dentro de la antigua estación eléctrica conocida como “The Batcave”, un espacio industrial ubicado junto al canal de Gowanus, históricamente asociado a contaminación y abandono urbano. Ese contexto importa.

Porque The Ark no ocurre en un cubo blanco neutral, sino en un edificio marcado por la transformación de la ciudad y por las contradicciones de la vida contemporánea: destrucción ambiental, reinvención urbana, memoria industrial y nuevas formas de producción cultural coexistiendo bajo un mismo techo. Y quizá por eso la exposición se siente especialmente pertinente hoy.

En un momento donde muchas muestras sobre el medio ambiente recurren al impacto inmediato o al mensaje explícito, The Ark parece apostar por algo distinto: la empatía. La posibilidad de que el vínculo emocional con otras formas de vida despierte, de manera más silenciosa pero también más profunda, una conciencia de protección.

La lista de artistas participantes refuerza además esa sensación de amplitud y diálogo generacional. Entre los nombres incluidos aparecen Maurizio Cattelan, Kiki Smith, William Kentridge, Sarah Lucas y Bruce Nauman, junto a nuevas incorporaciones como Wangechi Mutu, Nari Ward y François-Xavier Lalanne.

Más que una simple reunión de esculturas animales, The Ark parece convertirse así en un espejo indirecto de nuestro tiempo. Uno donde la pregunta ya no es solamente qué estamos perdiendo, sino también qué todavía estamos dispuestos a cuidar.