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Cartografía para una semana que no cabe en una semana: Miami Art Week 2025 2.0

28 noviembre, 2025
Por: Leonardo Dávalos

Entre ferias, inauguraciones y playas convertidas en galerías, Miami Art Week despliega otro frente igual de intenso: el diseño. No el decorativo, sino el que insiste en pensar. En el Miami Design District y más allá, marcas como B&B Italia, Paola Lenti, Christian Liaigre, Rimadesio, Gaggenau o Luminaire Lab dejan de ser showrooms comerciales para transformarse en laboratorios estéticos. Algunos llegan con muebles como esculturas funcionales; otros, con experiencias sensoriales que buscan demostrar que ya no basta con vender objetos: ahora hay que explicar qué quieren decir.

En Luminaire, por ejemplo, la reinterpretación de interiores por Loro Piana recuerda que el lujo contemporáneo no hace ruido: se siente, se toca, huele a fibra natural y a ideas que maduraron lento. Y mientras el diseño reflexiona, otras marcas globales —Rolex, Tumi, McLaren, Ferragamo, Manolo Blahnik— entran en escena con un pie en el arte y otro en el branding cultural, confirmando que la estética hoy se debate menos en museos que en colaboraciones cruzadas.

Entre tanto exceso visual, hay quienes prefieren hablar. Con palabras, no con renders. En The Wolfsonian-FIU, la American Federation of Arts organiza el Directors’ Dialogue, donde la conversación gira en torno a cómo los museos inspiran a sus comunidades sin necesidad de fiarse a la espectacularidad, la oradora este año es la Dra. Jill Deupi, Directora y Curadora en Jefe del Lowe Art Museum University of Miami. Café primero, luego pensamiento: una coreografía sensata para un público acostumbrado a hacer fila, pero esta vez no para ver una instalación, sino para escuchar.

La academia también reclama su lugar. En Miami International Fine Arts, la exposición New Works presenta a los candidatos del programa MFA de la Universidad de Miami: siete nombres, siete rutas materiales, siete maneras de recordar que el arte no nace de invitaciones VIP, sino de procesos largos, preguntas incómodas y presentaciones sin catering.


En esta ciudad, incluso el hospedaje quiere narrar. Airbnb, en alianza con Art Basel, ya no ofrece “estancias”: ofrece pedagogía estética experiencial. Un taller curatorial guiado por Kelly Wearstler, un recorrido privado con Bridget Finn (directora de la feria), un encuentro con Jack Pierson en The Bass. La plataforma se vuelve mediadora cultural. El hospedaje deviene puerta de entrada intelectual… y también una oportunidad más para usar zapatos cómodos.


Lladró llega con colaboraciones junto al artista argentino Leandro Erlich, en el lobby del Ritz Carlton South Beach, con una obra de conciencia medioambiental y la mexicana Olga Hanono, en Adison House de Midtown, confirmando que el barro puede ser tan conceptual como el neón si encuentra el aliado correcto. La porcelana, esa materia asociada al living de la abuela, se convierte en metáfora contemporánea: fragilidad, memoria, ironía. Lo kitsch, en manos inteligentes, es crítica; lo doméstico, discurso.


Los cocktails también quieren teoría. Durante el Kick-Off Party de Go Where the Wind Takes You x Dscene x L’Officiel St. Barth, el bar Florinity aparece como instalación escultórica con vocación ecológica, preludio de su debut en Design Miami. La vodka llamada «UNA Vodka» muda de bebida a objeto de diseño, como si el alcohol necesitara derecho a expresión estética. Y sí: en esta ciudad, beber puede ser acto curatorial.


El NFL Artist Replay convierte el deporte en lienzo conceptual, con artistas como Kayla Mahaffey, McFlyy, Sentrock y, por primera vez, jugadores activos presentando obra. El estadio se vuelve galería; el coleccionista, hincha; la pintura, merchandising afectivo. Entre paneles, firmas y un watch party de los Dolphins, la estética del fanatismo se vuelve teoría en vivo.


La pregunta incómoda aparece en Scope, donde Kickstarter organiza una serie de paneles sobre financiamiento, independencia creativa y el cruce entre arte y música. En vez de vender NFT o hacer filas para un free-drink, aquí se discuten modelos de sostenibilidad. La cultura no se paga sola; alguien debe hablar de esto. Miami, entre DJ sets y coleccionistas, también puede pensar en la economía del gesto artístico.


Superblue, de la mano de Apple Music, convierte la inmersión en experiencia multisensorial con artistas como Angel Otero, Calida Rawles o Henry Taylor; y Pudgy Penguins, en alianza con PEZ, transforma el coleccionismo en cultura pop comestible (o casi). El mercado, la nostalgia y la tecnología negocian su orden de prioridades: a veces gana el gusto; otras, el algoritmo.


En Alcova Miami, el dúo Franck Genser + Tonester Paints propone un refugio brutalista de calma mineral: alabastro, madera, azul profundo y una respiración lumínica que recuerda que no todo en Miami Art Week es ruido. Hay piezas que no buscan foto: buscan descanso. Una pausa contemplativa en medio del vértigo, como un spa emocional sin masajista.

Yabu Pushelberg invita a dialogar con Marcel Dzama, en la galeria de ventas del nuevo proyecto de Jean-Georges Vongerichten: Miami Tropics, porque una charla íntima puede ser más memorable que una fila para ver una obra monumental.

McLaren, junto a Nat Bowen, demuestra que el automóvil también puede tener tesis cromática.

Y Moooi presenta The Introvert Chair, de Robbie Williams, recordando que hasta un músico puede diseñar un asiento introspectivo si se le permite traducir su silencio en mobiliario.

Entre los eventos que orbitan la semana —esos que no aparecen en las agendas oficiales pero donde realmente se descifra la temperatura del ecosistema cultural— destaca la cena de San Lorenzo, que esta vez funciona más como micro-cónclave que como restaurante. Bajo el impulso de 1:54 Contemporary African Art Fair, la velada reúne a coleccionistas globales, curadores con agenda perpetua y patronos que conocen el arte no solo desde la adquisición, sino desde la construcción de instituciones. La anfitriona, Paola Golinelli, fundadora de la Fondazione Golinelli for Arts and Science, y Touria El Glaoui la fundadora de 1:54 , señalada por Forbes como una de las mujeres más influyentes del arte africano, aportan el tono íntimo y riguroso. La artista Prune Nourry, que desarrolla un proyecto público de gran escala en Miami, confirma que la conversación no será superficial.

Un mapa paralelo —más nocturno y más sonoro— se dibuja en Harbour Club, el nuevo club privado de Sunset Harbour que ha decidido que Art Week también puede escucharse. Su Music Series convoca a nombres que dominan la geografía electrónica internacional —Sofi Tukker, Bedouin, Guy Gerber— en sets pensados para públicos que prefieren el beat al discurso, sin renunciar al refinamiento. Por la mañana, el club baja la intensidad y aparece Fouquet’s con su ritual francés de café y croissants: un gesto delicado que equilibra la saturación sensorial de la semana con un poco de París bajo el sol de Miami.

Miami Art Week no es solo un espectáculo: es la negociación constante entre obra, público, mercado, diseño, educación y fiesta.

Aquí, el arte no se define. Se discute, se habita, se bebe, se colecciona, se vive en un watch party o se sienta en una silla introvertida.

La ciudad, como siempre, baila. Pero esta vez, también escucha.

Miami Art Week 2025: el mapa emocional de la semana más intensa del arte