La edición 2026 del Serpentine Pavilion, diseñada por el estudio mexicano LANZA atelier, no propone un edificio espectacular. Propone algo mucho más inusual: transformar un muro en un lugar de encuentro.
Cada verano, los jardines de Kensington se convierten en el escenario de una conversación sobre arquitectura, arte y ciudad. El Serpentine Pavilion nunca ha sido simplemente un ejercicio de arquitectura temporal; es una invitación a imaginar cómo podrían ser los espacios públicos si estuvieran diseñados menos para impresionar y más para acercar a las personas.

La edición 2026, creada por el estudio mexicano LANZA atelier, llega además en un momento simbólico: se cumplen veinticinco años de una iniciativa que comenzó con Zaha Hadid y que, desde entonces, ha servido como plataforma para algunas de las voces más interesantes de la arquitectura contemporánea.
Lo más interesante de esta nueva propuesta no está en su escala ni en su espectacularidad. Está en el gesto que la origina.
Los arquitectos Isabel Abascal y Alessandro Arienzo tomaron como punto de partida los antiguos crinkle-crankle walls ingleses: muros de ladrillo ondulantes que, gracias a sus curvas, necesitan menos material y ganan estabilidad estructural. Un recurso nacido hace siglos que aquí se transforma en una reflexión profundamente contemporánea.


En lugar de construir una barrera, LANZA convierte el muro en una membrana. Una secuencia de columnas de ladrillo permite que la luz, el aire y las miradas atraviesen el espacio. Lo que tradicionalmente separaba, aquí conecta. Lo que antes ocultaba, ahora invita a descubrir.
También hay algo especialmente atractivo en la decisión de trabajar con un material tan elemental como el ladrillo. En una época donde gran parte de la arquitectura busca diferenciarse a través de la complejidad tecnológica, este pabellón vuelve a una materialidad casi primitiva para recordar que la innovación no siempre consiste en inventar algo nuevo, sino en mirar de otra manera aquello que siempre estuvo ahí.

El techo translúcido, sostenido por una retícula de columnas, crea una atmósfera que parece más cercana a un pequeño bosque que a un edificio. No es casualidad. El proyecto dialoga con el paisaje de Hyde Park sin intentar imponerse sobre él, difuminando los límites entre naturaleza y arquitectura.
Quizás por eso esta edición del Serpentine Pavilion resulta especialmente relevante. En un tiempo donde las ciudades levantan nuevas fronteras —físicas, sociales o digitales—, LANZA atelier propone exactamente lo contrario: un espacio abierto, poroso y compartido.
Un recordatorio de que la mejor arquitectura no siempre es la que ocupa más espacio, sino la que crea las condiciones para que las personas vuelvan a encontrarse.







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