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Homo Faber 2026: An Island of Light

16 agosto, 2026
Por: Pedro Maal / fotografías cortesía Michelangelo Foundation

Es Devlin lleva a Venecia su particular manera de trabajar con la luz para convertir Homo Faber en una celebración poética de la materia, las manos y el conocimiento humano.

Hay objetos cuya belleza puede entenderse a primera vista. Otros exigen saber cómo fueron hechos. Qué materia existía antes que ellos, qué herramienta consiguió transformarla, cuánto tiempo tomó aprender a hacerlo y, sobre todo, quién puso las manos sobre ella.

Del 1 al 30 de septiembre de 2026, Homo Faber 2026: An Island of Light llegará a la isla de San Giorgio Maggiore, en Venecia, con una propuesta que busca hacer visible precisamente aquello que suele permanecer detrás del objeto terminado.

La cuarta edición de la bienal de artesanía contemporánea de la Michelangelo Foundation for Creativity and Craftsmanship tendrá como directora artística a Es Devlin, artista y diseñadora británica que durante tres décadas ha trabajado en los territorios donde se encuentran el arte, la arquitectura, la escenografía y la experiencia. Para Homo Faber, Devlin ha elegido como materia narrativa algo tan elemental como intangible: la luz. Una presencia fundamental en su propio trabajo, pero también en la naturaleza, en los materiales y en el acto mismo de hacer.

La idea nace de Venecia. Inspirándose en el archipiélago de la laguna, Devlin imagina a cada artesano como una isla de talento y conocimiento dentro de un territorio mucho mayor. Agua, espejos, movimiento y luz conectarán esas islas en un recorrido por los espacios de la Fondazione Giorgio Cini en el que no aparecerán solamente las piezas terminadas, sino también quienes las hacen, sus herramientas, sus materiales y sus procesos.

La metáfora resulta especialmente precisa en una ciudad formada por islas. Y antes incluso de entrar en la exposición, el visitante tendrá que hacer algo que forma parte esencial de la experiencia veneciana: cruzar el agua.

Antes del objeto, las manos

Desde Venecia, San Giorgio Maggiore se contempla al otro lado de la laguna. Para llegar hay que atravesar el agua, contemplar por unos minutos la ciudad desde ella y desembarcar en otra isla.

Una vez allí, el recorrido comienza con una secuencia que parece contener toda una declaración de principios.

Primero estará A Language of Hands, la recreación de un taller envuelto por imágenes y sonidos del trabajo artesanal. Después, An Index of Artisans reunirá los retratos iluminados de los creadores cuyas piezas forman parte de la exposición. Solo entonces aparecerán los objetos en An Alphabet of Objects, proyectando sus siluetas sobre las paredes como signos de un lenguaje ancestral.

El orden importa: manos, personas, objetos. En una cultura acostumbrada a encontrarse primero con el producto terminado —y muchas veces a no preguntarse jamás quién lo hizo— Homo Faber invierte la mirada. El objeto deja de ser un resultado aislado para convertirse en evidencia de un conocimiento.

Esa reivindicación de la mano humana está en el origen mismo de la Michelangelo Foundation for Creativity and Craftsmanship. Creada en 2016 por Johann Rupert, fundador y chairman de Richemont, y Franco Cologni, histórico ejecutivo de Cartier y defensor de los métiers d’art, la organización nace de la convicción de que las manos humanas conservarán una capacidad singular para crear objetos con significado. Su propósito no es únicamente preservar técnicas excepcionales, sino transmitirlas a nuevas generaciones y contribuir a que la artesanía continúe siendo una profesión con futuro.

En An Island of Light, esa misión adquiere una forma tangible: antes de pedirnos que contemplemos lo que esas manos son capaces de crear, Homo Faber nos invita a mirar a las personas a quienes pertenecen.

Una comunidad que existe por un instante

Hay otra idea que atraviesa el trabajo de Es Devlin y que adquiere aquí un significado especial. Para ella, el público constituye una “sociedad transitoria”: una comunidad que aparece durante el tiempo en que un grupo de desconocidos comparte una experiencia. Sus instalaciones han explorado reiteradamente esa posibilidad de reunir personas alrededor de un espacio, una idea o una acción colectiva.

En San Giorgio Maggiore, esa comunidad se formará alrededor del hacer. Artesanos, aprendices y visitantes ocuparán durante unas horas un territorio común en el que observar, aprender y crear serán también formas de relacionarse. Las islas imaginadas por Devlin dejan entonces de estar aisladas: se acercan, se comunican y forman durante un instante su propio archipiélago humano.

No resulta difícil reconocer en esta propuesta algunas de las ideas que Devlin viene explorando recientemente. En 2025, Library of Light transformó el cortile de la Pinacoteca di Brera, en Milán, mediante una biblioteca circular y cinética construida alrededor de la luz, el conocimiento y el encuentro. Meses después, durante Miami Art Week, Library of Us, presentada en Faena Beach, retomó y expandió aquella investigación frente al mar de Miami.

De Milán a Miami y ahora Venecia, la luz, el movimiento y el encuentro aparecen una y otra vez como elementos de un mismo lenguaje. En Homo Faber, sin embargo, Devlin los pone al servicio de algo particularmente íntimo: el acto de hacer.

La materia y la luz

Devlin no parece interesada en utilizar San Giorgio Maggiore como un simple contenedor para objetos extraordinarios. La arquitectura, el agua y la luz cambiante de Venecia entrarán también en la exposición.

En la antigua piscina de la Fondazione Giorgio Cini, Full Moon Rising reunirá recipientes realizados artesanalmente en cerámica, papel, vidrio, metal y otros materiales sobre una estructura semicircular. Su reflejo sobre el agua completará la imagen de una luna emergiendo del mar. El agua que hubo que atravesar para llegar a la isla reaparece así dentro de la exposición.

En el Claustro Palladiano, A Great Turning hará algo todavía más sutil. Un estanque poco profundo reflejará los arcos del claustro mientras un gran espejo cinético responderá a la luz cambiante del día. La instalación no será exactamente la misma por la mañana que unas horas después: Palladio, el cielo, el agua y el movimiento participarán en ella.

Son intervenciones que parecen particularmente venecianas. Pocas ciudades mantienen una relación tan íntima con la luz reflejada. Piedra, agua, vidrio y cielo cambian constantemente la percepción de las superficies; las fachadas se duplican sobre los canales y la ciudad parece, por momentos, menos construida que reflejada. En An Island of Light, esa condición deja de ser paisaje para convertirse en materia.

Hay cosas que solo se aprenden haciéndolas

Pero quizá uno de los gestos más importantes de Homo Faber será también uno de los menos espectaculares.

En An Atelier Alive, artesanos trabajarán porcelana, cuero, papel, textiles y otros materiales frente a los visitantes. El taller entra en la exposición y, con él, aparecen el tiempo, la repetición, la técnica y el proceso. La Michelangelo Foundation quiere que ese espacio permita también el encuentro entre profesionales de distintos oficios y acerque una nueva generación a la artesanía.

Porque hay cosas que solo se aprenden haciéndolas. Saber cuánto puede doblarse una fibra antes de romperse. Cuánto calor soporta un vidrio. Cuándo una madera está lista. Cuánta presión necesita una herramienta. Cuándo insistir y cuándo parar.

Parte de ese conocimiento puede explicarse, escribirse y conservarse. Pero existe otra parte que reside en la experiencia acumulada del cuerpo: en el ojo que reconoce, en el oído que distingue, en el tacto que recuerda. Un conocimiento que durante siglos ha pasado de maestro a aprendiz y que solo puede transmitirse plenamente de una persona a otra, haciendo.

Por eso resulta especialmente significativa la presencia de los Young Ambassadors, jóvenes estudiantes de diseño y artesanía llegados de escuelas de distintas partes del mundo que acompañarán al público durante Homo Faber. No estarán allí únicamente para explicar lo que se exhibe. Su presencia introduce una dimensión esencial en la propuesta: el futuro.

Porque preservar la artesanía no puede significar conservarla inmóvil. Una técnica verdaderamente permanece viva cuando alguien desea aprenderla, practicarla, transformarla y, algún día, transmitirla nuevamente.

Homo Faber no es, entonces, un homenaje nostálgico al pasado. Es una apuesta por la continuidad. Las manos que saben. Las manos que hacen. Las manos que aprenden. Y las que algún día enseñarán.

Preservar una pieza no basta si desaparece el conocimiento necesario para volver a hacerla. Y preservar ese conocimiento tampoco basta si no existe una nueva generación dispuesta a recibirlo.

Una isla de luz

Entre las instalaciones concebidas por Devlin, Twenty Silent Songs convertirá algo invisible en materia. Las vibraciones producidas por veinte campanas se transformarán en patrones interpretados por artesanos de distintas disciplinas, haciendo visible aquello que normalmente solo podemos escuchar.

Es un gesto que parece contener buena parte del universo de Devlin: utilizar la materia para revelar aquello que no podemos tocar. Quizás por eso An Island of Light resulta un título tan preciso.

Durante septiembre, Es Devlin utilizará la luz para transformar San Giorgio Maggiore. Pero, sobre todo, la utilizará para dirigir nuestra mirada hacia aquello que normalmente permanece detrás del objeto terminado.

La materia. El tiempo. La experiencia. La transmisión. Y finalmente, las manos.