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Lucas Museum of Narrative Art: las historias que nos pertenecen

21 agosto, 2026
Por: Leonardo Dávalos / fotografías cortesía Lucas Museum

Fundado por George Lucas y Mellody Hobson y diseñado por Ma Yansong, el nuevo museo de Los Ángeles propone mirar sin jerarquías las imágenes con las que hemos aprendido a contar quiénes somos.

Mucho antes de aprender a escribir, aprendimos a contar historias con imágenes. Las dejamos sobre las paredes de las cuevas, las convertimos en símbolos, pinturas y libros; más tarde en fotografías, ilustraciones, cómics y películas. Cambiaron las herramientas y los soportes, pero no aquella necesidad profundamente humana de representar el mundo para intentar comprenderlo.

El próximo 22 de septiembre de 2026, el Lucas Museum of Narrative Art abrirá sus puertas en Exposition Park, Los Ángeles, dedicado precisamente a esa tradición universal: contar historias a través de imágenes. Fundado por George Lucas y Mellody Hobson, el museo parte de la convicción de que la narración visual es un lenguaje universal y de que las imágenes pueden ayudarnos a entender la experiencia humana, dar forma a nuestras creencias y crear comunidad.

La idea lleva acompañando a Lucas buena parte de su vida. Mucho antes de imaginar un museo, comenzó a coleccionar las imágenes que le interesaban: ilustraciones, cómics y obras de artistas capaces de condensar una historia dentro de una imagen. Con los años, esa mirada se expandió hacia la pintura, la fotografía, el muralismo, el cine y otras formas de cultura visual.

Lo que une ese universo no es una técnica ni una época. Es la capacidad de contar una historia.

The people’s art

En el Lucas Museum podrán encontrarse las imágenes de Norman Rockwell, Frida Kahlo, N.C. Wyeth o Beatrix Potter; fotografías de Gordon Parks, Henri Cartier-Bresson y Dorothea Lange; el universo gráfico de Jack Kirby, Alison Bechdel o R. Crumb; junto a ilustración de ciencia ficción, cómics, carteles de cine y los modelos, dibujos conceptuales, vestuario y objetos conservados en los Lucas Archives.

La convivencia puede parecer improbable únicamente si seguimos pensando el arte a partir de sus jerarquías tradicionales. El Lucas Museum propone otra manera de hacerlo.

Sus galerías no estarán organizadas solamente por movimientos, medios o cronologías, sino alrededor de experiencias como el amor, la familia, la comunidad, la infancia, el trabajo, el juego o la aventura. Una ilustración, una pintura, una fotografía o un cómic pueden así encontrarse porque, antes que pertenecer a una categoría, hablan de algo que reconocemos.

Mellody Hobson tiene una manera particularmente sencilla de definirlo: “This is a museum of the people’s art.”

Cofundadora y co-chair del museo junto a Lucas, Hobson ha sido fundamental para convertir una colección y un sueño que comenzaron mucho antes que ella en una institución pública con una clara vocación educativa e inclusiva. Para Hobson, esas imágenes representan creencias con las que convivimos todos los días y, precisamente por eso, nos pertenecen. Su esperanza es que, al caminar por las galerías, los visitantes puedan verse a sí mismos y reconocer allí su propia humanidad.

El planteamiento evita una discusión que quizá ya no sea demasiado interesante. No parece necesario decidir si un cómic merece ser elevado a la categoría de una pintura o si una ilustración popular necesita legitimación para entrar en un museo.

La pregunta aquí es otra: ¿qué historia cuenta una imagen y por qué permanece con nosotros?

Un edificio que parece flotar

Incluso antes de encontrarse con una sola obra, el visitante entrará en otra narración. El edificio concebido por Ma Yansong, fundador de MAD Architects, se levanta sobre Exposition Park como una enorme forma orgánica difícil de asociar a una tipología conocida. Tiene algo de paisaje, de organismo y de objeto llegado del futuro. Sus grandes superficies curvas parecen extenderse horizontalmente mientras buena parte de la estructura se eleva del suelo.

Sería fácil relacionar inmediatamente esa arquitectura futurista con el creador de Star Wars. Pero la inspiración de Ma es bastante más terrenal. Al concebir el proyecto, el arquitecto observó los grandes árboles de Exposition Park y la manera en que sus copas crean sombra y cobijo, permitiendo que las personas se reúnan debajo. El museo intenta reproducir arquitectónicamente algo de esa relación: en lugar de ocupar completamente el terreno con una masa monumental, se levanta y deja espacio para las personas.

Bajo sus grandes voladizos aparece una plaza pública protegida y el Oculus vuelve a abrir la arquitectura hacia el cielo. El recorrido hacia el museo se integra, a su vez, con el paisaje diseñado por Mia Lehrer y Studio-MLA, que transforma lo que antes era esencialmente una extensión de asfalto en jardines, árboles, praderas y lugares para encontrarse o simplemente permanecer. El paisaje no termina al tocar el edificio. Lo rodea, asciende y continúa sobre él. 

Ma Yansong ha dicho que el campus busca llevar al visitante en un viaje mucho antes de que llegue a las galerías. Y quizá sea esa una de las mayores virtudes del proyecto: la experiencia del museo comienza antes de entrar al museo.

Hay además una hermosa coherencia entre arquitectura y propósito. Un museo dedicado al people’s art deja, literalmente, el suelo para la gente.

Historias que construyen mundos

Naturalmente, Star Wars estará allí. Pero el universo creado por George Lucas aparece dentro de una conversación mucho más amplia sobre cómo una imagen puede construir una historia. Los Lucas Archives conservan modelos, props, vestuario y concept art de su carrera cinematográfica, mientras Star Wars in Motion, una de las exposiciones inaugurales, utilizará materiales de las primeras seis películas para explorar cómo artistas y diseñadores imaginaron visualmente movimiento, personajes, vehículos y mundos que todavía no existían.

Mirado desde allí, Star Wars deja de ser una excepción dentro del museo y se convierte casi en una demostración de su tesis.

Antes de que un mundo imaginario pueda existir en una pantalla, alguien tiene que dibujarlo. Y cuando esas imágenes terminan instalándose en la memoria de millones de personas, comienzan a formar parte de una cultura visual compartida.

Eso mismo puede ocurrir con una portada, una viñeta, una fotografía, un personaje de un libro infantil o una escena pintada por Norman Rockwell. No todas pertenecen al mismo lenguaje artístico, pero todas pueden convertirse en imágenes con las que una sociedad aprende a reconocerse.

Un museo para Los Ángeles

La relación con la comunidad tampoco termina en la arquitectura. La elección de Exposition Park estuvo vinculada desde el desarrollo del proyecto con la diversidad de las comunidades que lo rodean y con la cercanía de numerosas escuelas. El parque y los espacios exteriores forman parte de esa intención de hacer del museo un lugar al que también pueda llegarse sin necesidad de entrar en una galería.

Incluso la hospitalidad participa de esa idea. En la parte superior del edificio, Skywalker Grill, diseñado por Rockwell Group, permanecerá abierto más allá del horario del museo y podrá visitarse independientemente de las galerías. David Rockwell ha buscado deliberadamente alejarlo de la espectacularidad del edificio mediante madera de cerezo, superficies luminosas, espacios íntimos y una terraza entre jardines: otro lugar concebido para reunirse y conversar.

Quizá allí se entienda finalmente la verdadera dimensión del proyecto que George Lucas y Mellody Hobson han tardado tantos años en hacer realidad.

No es un museo construido para decidir qué imágenes merecen ser consideradas arte. Es un lugar para preguntarnos por qué algunas imágenes nos acompañan. Cómo consiguen atravesar generaciones. Por qué reconocemos en ellas el amor, el miedo, la aventura, la injusticia, la familia o nuestros sueños. Y cómo, al compartirlas, construimos una memoria que deja de pertenecernos individualmente.

Mellody Hobson espera que quienes recorran sus galerías puedan verse a sí mismos y encontrar allí reflejada su propia humanidad.

Tal vez esa sea también la definición más sencilla de una historia que realmente importa: aquella que habla de otros y, de alguna manera, termina hablando de nosotros.