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French Bloom: burbujas sin alcohol

21 octubre, 2026
Por: Pedro Maal

Las bebidas sin alcohol están ganando espacio en la mesa, y con ellas crecen las expectativas sobre lo que se sirve. French Bloom responde a ese interés con espumantes franceses sin alcohol que cuidan tanto la elaboración como la presentación. Quien decide moderar su consumo también puede buscar una bebida con carácter y una propuesta que acompañe la comida o la conversación.

La casa parte de una intuición sencilla: esa elección puede conservar todo el sentido de la ocasión. La botella se enfría, se retira el corcho y se sirve. Después llega ese pequeño acuerdo colectivo de mirarnos y brindar. Una bienvenida, una buena noticia o una cena que finalmente conseguimos organizar encuentran su expresión en una ceremonia que todos reconocemos.

Lo probamos y nos resultó agradable. Pero merece apreciarse como un producto con una intención y un público propios. Aunque comparte con el champagne los códigos del servicio y la celebración, plantearlo como su competidor conduce a una comparación injusta. Su propuesta amplía las posibilidades de elección para quienes desean disfrutar de un espumante sin alcohol.

Una idea nacida alrededor de la mesa

French Bloom surgió de las conversaciones entre dos amigas, Maggie Frerejean-Taittinger y Constance Jablonski. En 2019, cuando volvieron a encontrarse en París, sus experiencias las llevaron a identificar una necesidad compartida. Maggie, que trabajaba en el desarrollo internacional de la Guía Michelin y estaba embarazada de gemelos, echaba de menos una bebida sin alcohol que recibiera la misma atención que los platos y los maridajes de una buena mesa. Constance, inmersa en su carrera internacional como modelo, reconocía también el interés de ampliar las opciones disponibles.

La pregunta tenía mucho de hospitalidad: ¿qué ofrecemos a quien quiere beber sin alcohol y con cuánto cuidado lo elegimos?

Rodolphe Frerejean-Taittinger, esposo de Maggie y cofundador de la maison de champagne Frerejean Frères, aportó el conocimiento vinícola para desarrollar el proyecto. French Bloom llegó al mercado en 2021, con una propuesta que reunía la experiencia gastronómica de Maggie, la sensibilidad de Constance y el trabajo técnico de Rodolphe.

El punto de partida era concreto: dar una respuesta más interesante a una preferencia que, hasta entonces, encontraba pocas alternativas en muchos restaurantes y celebraciones.

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El trabajo detrás del 0,0 %

El proceso comienza mucho antes de retirar el alcohol. French Bloom utiliza vinos base concebidos específicamente para la desalcoholización: las decisiones de elaboración anticipan cómo cambiarán sus cualidades durante ese tratamiento. La atención a la fruta, los aromas y el equilibrio busca construir una expresión que conserve interés una vez alcanzado el 0,0 %.

La casa trabaja con vinos orgánicos de Chardonnay del Languedoc y emplea una desalcoholización a baja temperatura. Las burbujas se incorporan al final. Su colección reúne cuatro referencias: Le Blanc, Le Rosé, L’Extra Brut y La Cuvée Vintage Blanc de Blancs.

Ese vínculo con el origen se ha afianzado recientemente. En noviembre de 2025, French Bloom anunció la adquisición de una propiedad de 25 hectáreas que incluye viñedos e instalaciones de elaboración en Limoux, al sur de Francia. La región ya había contribuido al estilo de sus vinos: la altitud y las noches frescas favorecen la frescura y la expresión aromática del Chardonnay, cualidades importantes para el resultado que busca la casa.

Tener viñedos propios aporta una dimensión concreta al proyecto. Hay un paisaje, una materia prima y decisiones que empiezan en el campo. En una categoría que todavía está construyendo sus referencias, la procedencia ayuda a comprender lo que cada productor quiere expresar.

La técnica, desde luego, debe encontrar su sentido en el sabor. Allí se juega el interés de la colección y la posibilidad de descubrir qué referencia responde mejor al gusto de cada uno.

Otra elección, la misma atención

La expansión de estas bebidas también invita a revisar una costumbre de la hospitalidad: cuánto esfuerzo dedicamos a quien elige beber sin alcohol. Una carta de vinos puede estar cuidadosamente pensada mientras el resto de las opciones apenas recibe consideración. Hay espacio para hacerlo mejor.

Una noche apetece vino; otra, una bebida sin alcohol. Las preferencias pueden incluso cambiar durante la misma cena. Atenderlas con naturalidad forma parte del oficio de recibir, tanto en un restaurante como en casa.

Ahí encontramos la pertinencia de French Bloom. Su propuesta permite incorporar otra elección al encuentro, con atención a la elaboración, al origen y a la experiencia de disfrutarla.

Quizás el cambio más interesante llegue cuando pedir una bebida sin alcohol despierte una buena recomendación y ninguna pregunta adicional.