Una noche en Mimi Kakushi

14 mayo, 2026
Por: Leonardo Dávalos / imágenes cortesía Mimi Kakushi

Hay lugares que una ciudad nunca termina de abandonar del todo. El Delano era uno de ellos.

Aunque estuvo cerrado durante años, aunque South Beach cambió, aunque Miami se transformó en otra cosa después de la pandemia, el nombre seguía allí, suspendido en la memoria colectiva de quienes vivieron aquella época en la que el hotel diseñado por Philippe Starck redefinió la vida nocturna de Miami Beach.

En Miami existe casi una idea no escrita: si viviste la ciudad en los años 2000, probablemente tengas tu propio “Delano moment”. Para algunos fue una noche en el Rose Bar. Para otros, una conversación improbable en el lobby. O una madrugada junto a la piscina, cuando South Beach todavía parecía un pequeño universo paralelo donde moda, arte, música y hospitalidad convivían con una naturalidad difícil de explicar hoy.

Por eso, regresar ahora al Delano produce una sensación extraña. Familiar y nueva al mismo tiempo. Los espacios siguen allí. También algunos guiños al pasado: ciertas piezas icónicas de mobiliario, las largas cortinas que evocan la versión original, el Rose Bar todavía ocupando su lugar en el lobby. Pero algo cambió. La fantasía teatral del antiguo Delano dio paso a una visión distinta del lujo: más privada, más internacional y más alineada con el Miami de 2026.

La invitación comenzó precisamente en el renovado Rose Bar, donde se reunieron viejos conocidos de Miami y una nueva generación de residentes internacionales que hoy forman parte del revitalizado paisaje social de la ciudad. Para algunos, el Delano era memoria; para otros, descubrimiento.

Esa tensión —entre nostalgia y novedad— termina sintiéndose en todo el lugar.

En el cuarto piso del hotel, exclusivo para huéspedes y miembros del Delano Members Club, se encuentra Mimi Kakushi, uno de los dos conceptos gastronómicos con los que Paris Society debuta oficialmente en Estados Unidos.

Inspirado en Osaka de los años 20 y construido alrededor de la filosofía “A Taste of the East, The Rhythm of the West”, Mimi Kakushi evita conscientemente el minimalismo japonés que domina tantos restaurantes contemporáneos. Aquí la propuesta es distinta: más sensual, más cinematográfica, más nocturna.

El espacio —diseñado por Elastic Architects junto a Pirajean Lees— mezcla referencias orientales, art déco e influencias Indochine a través de pantallas de madera, paredes pintadas a mano, texturas superpuestas y una iluminación baja que transforma el restaurante en algo mucho más cercano a un escenario que a un comedor tradicional. Hay intención de atmósfera. Y funciona.

La cena fue presentada alrededor de una dinámica pensada para compartir, con distintos platos llegando al centro de cada mesa durante toda la noche. Aunque muchos invitados no se conocían previamente, el ritmo relajado del servicio y la energía del espacio terminaron generando conversaciones naturales entre compañeros de mesa, algo que ayudó a reforzar el carácter social y envolvente del restaurante.

Entre los platos más memorables de la noche estuvieron el Tuna Tartare & Caviar, equilibrado y elegante; la inesperadamente adictiva Spinach Salad con black sesame sauce; y los Wagyu & Foie Gras Gyoza, probablemente el plato que mejor resume la personalidad de Mimi Kakushi: intensidad, textura y una cierta sofisticación indulgente que dialoga perfectamente con el espíritu del lugar.

Más allá de la cocina, sin embargo, lo interesante era observar cómo el nuevo Delano intenta redefinir su propia narrativa.

El hotel original democratizaba, de alguna manera, la fantasía del South Beach lifestyle. El nuevo Delano parece entender que el lujo contemporáneo funciona distinto: membresías, acceso, experiencias más privadas y una identidad conectada a un circuito global de hospitality que hoy une Miami con París, Dubai, Londres o Nueva York. Eso no necesariamente lo hace mejor o peor. Simplemente lo convierte en otra etapa de la ciudad.

Y quizás por eso la noche en Mimi Kakushi resultó tan interesante: porque entre musica, cocktails, luces bajas y conversaciones cruzadas, convivían dos versiones de Miami al mismo tiempo.