Portugal tiene una particular habilidad para guardar secretos a plena vista. Su tradición vinícola es una de las más antiguas de Europa y algunas de sus regiones y vinos forman parte del imaginario internacional. Pero basta alejarse un poco de los nombres más familiares para descubrir otro mapa, poblado de variedades autóctonas, pequeños territorios y maneras de entender el vino profundamente ligadas al lugar.
El Dão es uno de ellos. Situada en el centro-norte de Portugal, la región vinícola del Dão se encuentra rodeada por montañas que la protegen de los extremos del clima continental y de la influencia directa del Atlántico. Los viñedos ascienden desde aproximadamente los 100 hasta los 800 metros y crecen, en su inmensa mayoría, sobre suelos de origen granítico. Fue además, en 1908, la primera región portuguesa demarcada específicamente para la producción de vinos no fortificados.
Es un territorio histórico que, sin embargo, permanece bastante menos presente en la conversación internacional que el Douro o el Alentejo.
Taboadella, siglos de vino en el Dão
En la región del Dão se encuentra Taboadella, una propiedad vinícola situada en Silvã de Cima, en la subregión de Castendo, cuya relación con el vino atraviesa siglos. La historia documentada de la finca se remonta a 1255, aunque las excavaciones arqueológicas han encontrado vestigios de una villa romana y un antiguo lagar excavado en una roca monolítica que sitúan la actividad vinícola del lugar mucho más atrás en el tiempo.
Hoy, bajo la familia Amorim, sus 42 hectáreas de viñedos ocupan una meseta situada entre aproximadamente 420 y 530 metros de altitud, rodeada de bosques y dividida en pequeñas parcelas. Algunas de sus viñas superan los cien años.
Pero quizás una de las mejores maneras de comprender el Dão no sea comenzar por su historia, sino por sus uvas.
Entre ellas está la Touriga Nacional, hoy una de las grandes embajadoras del vino portugués en el mundo y originaria de esta región. Pero existen otras mucho menos conocidas fuera de Portugal. Taboadella ha elegido elaborar una serie de vinos monovarietales que permiten descubrirlas individualmente, dejando que cada una revele su propia interpretación del territorio. Dos de ellas son Encruzado y Jaen.

Encruzado: un blanco profundamente ligado al Dão
El Encruzado, también conocido como Salgueirinho, es una variedad endémica del Dão y continúa cultivándose casi exclusivamente en esta región.
El Taboadella Reserva Encruzado 2025 procede de suelos graníticos de la subregión de Castendo y se elabora exclusivamente con esta variedad. Las uvas son vendimiadas a mano y el vino pasa seis meses dividido entre barricas usadas de roble francés de 500 litros, depósitos de cemento y acero inoxidable.
La combinación busca preservar la identidad de la uva al tiempo que aporta estructura y textura. Taboadella describe el resultado como un vino firme y profundo, de textura sedosa y estructura lineal, concebido tanto para disfrutarse ahora como para evolucionar con el tiempo.
La añada 2025 estuvo marcada por una primavera especialmente lluviosa seguida de un verano caluroso y extremadamente seco. Las reservas de agua acumuladas durante los primeros meses del año permitieron a las viñas mantener su equilibrio durante el verano, con las parcelas más antiguas mostrando una particular resistencia.

Jaen: la conexión ibérica
La segunda botella nos lleva a una historia que atraviesa una frontera. La Jaen, cultivada en Portugal y especialmente vinculada al Dão, corresponde a la variedad conocida en España como Mencía.
En el Dão encuentra condiciones particulares de altitud, granito y clima que le permiten expresarse de una manera propia. El Taboadella Reserva Jaen 2021, elaborado exclusivamente con esta variedad, fue vendimiado a mano y envejeció durante nueve meses en barricas francesas de 500 litros: solamente un 20 por ciento nuevas y el resto de segundo uso.
No se trata de construir un tinto alrededor de la potencia o de la madera. La propia bodega habla de fruta, especias blancas, taninos suaves y finos y de un cuerpo que combina tensión y delicadeza.
La añada 2021 tuvo además condiciones particulares. Una primavera fría retrasó ligeramente el ciclo vegetativo y permitió evitar buena parte de los efectos de las heladas tardías de abril. Tras un comienzo de verano cálido y seco, el microclima de Taboadella aportó desde mediados de agosto precipitaciones nocturnas que favorecieron una maduración equilibrada.
Un lugar antes que una botella
Hay algo especialmente atractivo en descubrir un vino cuando también permite descubrir el lugar del que procede.
En Taboadella, el pasado romano convive con una bodega contemporánea diseñada por el arquitecto portugués Carlos Castanheira, construida principalmente con madera y corcho e integrada en el paisaje. Las variedades históricas conviven con una manera actual de interpretarlas. Y un territorio vinícola con siglos de historia continúa siendo capaz de resultar nuevo para quien lo encuentra por primera vez.
Quizás allí esté buena parte del interés del Dão. En un momento en que unas pocas variedades internacionales aparecen en copas de prácticamente cualquier lugar del mundo, Portugal conserva un extraordinario patrimonio de uvas propias que todavía hablan con acentos locales.
Encruzado y Jaen son apenas dos de ellas. Y a veces bastan dos botellas para descubrir que el mapa del vino portugués es bastante más grande de lo que imaginábamos.







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